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La falta de parqueo llega al barrio

El denso tránsito que en las horas pico caotiza determinadas avenidas de Guayaquil duerme por las noches, en aceras, veredas y hasta en los parques de urbanizaciones.

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El denso tránsito que en las horas pico caotiza determinadas avenidas de Guayaquil duerme por las noches, en aceras, veredas y hasta en los parques de urbanizaciones como Alborada, Sauces, Guayacanes.

Si para los urbanistas el coche privado se vuelve una pesada carga cuando recorren las ciudades, el panorama tampoco se esclarece cuando sus propietarios ya están en casa.

Se calcula que 415.272 personas residen en el sector norte de la urbe, distribuidas en 103.818 familias.

“Es normal que en una casa haya un carro”, señala Washington Sigüenza, quien preside el comité promejoras de Sauces II. “Tampoco es raro que haya dos. Uno lo maneja el padre, otro uno de los hijos”.

En Sauces IX un grupo de vecinos se organizó para pagar a un guardia por el cuidado del estacionamiento, donde caben 70 carros. Pero en el barrio son 170. ¿El resto dónde parquea?

“Por suerte la administración del mercado municipal abre el estacionamiento de ocho de la noche a seis de la mañana para que los carros que no caben en nuestro parqueo guarden sus carros ahí”, dice Jesús García, quien preside el comité barrial.

Las ciudadelas del norte, como Garzota, Alborada y Sauces, tienen áreas determinadas de aparcamiento.

En la séptima etapa de la ciudadela Alborada, cada cuatro o seis manzanas los urbanizadores destinaron un sector de parqueo y zona verde o área infantil. En estos días, los aparcamientos se saturan cada noche, y en algunos sectores los parques se ocupan para estacionar carros.

Eso sucede en la manzana 726, donde habita Olga Alvarado de Villagómez, quien llegó al barrio hace 37 años y recuerda que el espacio detrás de su vivienda era un parque que desde hace una década es ocupado por vehículos.

Esta situación generó una movilización para solicitar al Municipio la readecuación del área verde, acción que provocó una disputa entre vecinos. Por un lado están los que quieren recuperar el sitio; del otro, los que desean que se mantenga como zona de parqueo.

“No les conviene a algunos vecinos porque se quedan sin espacio para sus carros”, comenta Enriqueta González Hidalgo, otra residente.

Igual sucede en las manzanas 720, 721 y 722, donde los lugares que fueron destinados a la recreación infantil muestran una escena compuesta por lodo, maleza, basura... En estos sitios los niños fueron tácitamente desterrados por los coches.

Diferentes nombres pero con una historia similar se evidencian por todos lados en las ciudadelas del norte.

Mientras algunos vecinos promueven la recuperación de áreas recreativas, los dueños de carros defienden el espacio para los vehículos.

Una pugna que, por ahora, cada noche la ganan los dueños de carros, que saturan los parques, aceras y veredas.

Hasta camiones

Vehículos de este tipo se estacionan en las cercanías del parque central de Sauces II. No solo durante la noche, pasan hasta parte del día. El área que podría ser utilizada por seis autos la ocupan tres camiones, dejando menos espacio aún para el parqueo en ese sector. Los vecinos se quejan además de que estos grandes automotores requieren mantenerse encendidos hasta 10 minutos antes de iniciar la marcha, generando un ruido que molesta.

Vehículos dañados

En la mz. 726 de la Alborada 7° etapa los vecinos denunciaron que el espacio que una vez fue un parque, ahora es un estacionamiento y además se ha convertido en un cementerio de vehículos dañados, como la furgoneta del lado derecho de la fotografía, que a decir de los residentes ha estado allí por varios años con sus llantas ponchadas, ocupando espacio y atrayendo la delincuencia. Igual sucede en el parque contiguo al de la mz. 722.

Sacarle provecho al espacio

La avenida Parra Velasco, entre Sauces VII y Sauces IX, es utilizada como parqueo nocturno. Estos estacionamientos imponen la contratación de cuidadores, que son los encargados de velar por la seguridad de los automotores, pero también de acomodarlos para sacarle mayor provecho al espacio. De tal forma que dejan, como se observa en la fotografía, un espacio mínimo de distancia entre las columnas de carros para el paso peatonal.

Parqueos en altura, solución paliativa

Esta problemática, a criterio del ingeniero civil urbano Caicedo Salazar, se presenta porque cuando se urbanizaron esos sectores no se proyectaba el futuro que tenemos ahora.

“En su momento estos barrios fueron planificados para una clase media, no teníamos dolarización y por lo tanto había menos oportunidades de endeudamiento. Al llegar la dolarización la clase media se permitió endeudarse y adquirir un vehículo y a veces hasta dos”, dice.

Considera que una solución es que se busquen sitios para parqueaderos en la altura, proyectos que deben ser propuestos desde la administración pública, para que la empresa privada visualice esto como un negocio.

El arquitecto David Hidalgo Silva sugiere una solución parecida. “En caso de que se planteen nuevos parqueos en la ciudad, estos deberán ser en altura y cumplir dos condicionantes: diseño arquitectónico para embellecer el paisaje urbano y funcionar a su vez como espacios públicos de calidad.

Sin embargo, considera más viable y sostenible atacar el problema mayor: Guayaquil en el siglo XXI todavía no cuenta con un sistema de transporte público de calidad.

“El parque automotriz se ha duplicado en los últimos años y esto genera los problemas de tráfico y déficit de plazas de parqueo. El problema real son los autos”, opina. Por tanto, la solución no es contar con más parqueos, sino exigir un sistema de movilidad urbana que no implique la necesidad de un coche particular. Y pone como opciones el metro elevado y la movilidad fluvial.

“En el urbanismo contemporáneo, toda solución que aspire a dar más espacio en la ciudad a los autos es un error. Puede tal vez dar una mejora a corto o mediano plazo, pero no a largo plazo. Se debe planificar una movilidad sostenible basada en la peatonalidad, el uso de la bicicleta...”, sugiere.

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