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Diario Expreso Ecuador

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Extranos rostros de un fraude

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Razones había para pensar en un fraude electoral, sustentadas en las reiteradas denuncias. Mas, no era imaginable la extraña facilidad que aparecería para reforzar esos temores: un grupo de ciudadanos no identificados hizo su aparición portando documentos que, de ser auténticos, debían reposar en las urnas electorales custodiadas por las FF. AA. Los vaciaron frente a la sede de la Delegación Provincial Electoral, atestada de manifestantes, para concitar la indignación popular. Todos cuantos vimos esas escenas en TV, concluimos que se trataba de una pantomima fraguada para provocar precisamente esa reacción. Era evidente que sus portadores avivaban la llama de un supuesto fraude. ¡Querían que se lo descubriera! Pero ninguno fue detenido, ninguno fue interrogado siquiera. ¿Por qué? ¿Por qué apelar a tan burda cuanto pueril artimaña susceptible de desenmascararse si los documentos resultaban ser falsos ? Montar en escena una autoacusación que provoque el rechazo popular contra el Gobierno no era comprensible, a menos que se pueda algún día hurgar y descubrir en las entretelas de este hecho una perversa actitud contra su propio candidato. Y, paralelamente, “descubrir” un supuesto o real fraude obligaba a las fuerzas de oposición a denunciarlo de inmediato ante el CNE. Su silencio devino inadmisible.

Un Gobierno azotado por la corrupción podría verse empujado a la dolosa necesidad de mantenerse en el poder por medios fraudulentos y asegurar así la impunidad de algunos de sus rapaces funcionarios. Pero sería igualmente innoble que la oposición forje esa trama para soliviantar al pueblo y luego incumpla con su obligación de denunciarla.

Sin embargo, en política nada está previsto ni hay un guión a seguir, peor aún en tiempo de elecciones. Es insólito que de un mismo y supuesto hecho fraudulento se inculpen mutuamente las dos fuerzas rivales, y el chivo expiatorio parece ser el presidente del CNE. Suspender la información de los resultados causó indignación compartida: Correa bramó porque suponía que la proyección de los resultados, hasta ese momento anunciados, aseguraba la victoria de su candidato en primera vuelta, mientras CREO atribuyó esa misma interrupción a los afanes gubernamentales por acomodar las cifras a divulgarse.

La segunda vuelta terminó por imponerse y el país padecerá por 45 días los sinsabores de una campaña que apunta a sucia, mucho más sucia que la precedente. La honra de muchos corre el riesgo de afectarse y las difamaciones menudearán. Se juega esta vez al todo o nada, a sobrevivir o sucumbir y, luego de conocerse el triunfador, si este es Lasso, viviremos una etapa de turbulencia y desestabilización liderada irresponsablemente por Correa. Caso contrario, si es Moreno el presidente, presenciaremos las inevitables intromisiones del mismo Correa, si Moreno, un hombre conciliador que luce aseado, se lo permite .

Lo que sí ha quedado corroborada es la imagen de Correa al señalar, sin facultad legal alguna, la posibilidad de una eventual muerte cruzada que desemboque en su reelección como virtual presidente vitalicio. Correa ha hechos públicos sus sueños de grandeza volviendo al poder si no puede ejercerlo tras bastidores. Vanidad de vanidades. Todo termina siendo vanidad. Vanidad y encubrimiento, a la vez.

colaboradores@granasa.com.ec

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