
Europa frente al islam
Unos, como Donald Trump, lo dicen de forma insultante y grotesca. Otros con argumentos históricos y eruditos, como Niall Ferguson. Pero el mensaje es idéntico y alarmante. Es el fin de la civilización occidental, a la que ha declarado la guerra el terrorismo yihadista. Si el multimillonario estadounidense que pugna por la candidatura republicana a la Casa Blanca culpa directamente a Angela Merkel por abrir las puertas a los refugiados sirios, el historiador británico considera que la actual situación de la Unión Europea (UE) es muy similar a la caída de Roma por la invasión de los bárbaros. “Como el Imperio Romano a principios del siglo V”, escribió Ferguson en un artículo, “Europa ha dejado que sus defensas se derrumbaran. A medida que aumentaba su riqueza han disminuido su capacidad militar y su fe en sí misma. Se ha vuelto decadente, con sus centros comerciales y sus estadios. Al mismo tiempo, ha abierto las puertas a los extranjeros que codician su riqueza sin renunciar a su fe ancestral”. Basta observar la evolución del mapa electoral europeo de los últimos años para percibir cómo ideas similares prosperan y se instalan en las sociedades y en los gobiernos. Con la excepción realmente notable y curiosa de la Península Ibérica, Europa se está convirtiendo en un continente cada vez más inclinado hacia la derecha más extrema, con ya dos países como Hungría y Polonia en manos de partidos antieuropeos y xenófobos. Es enorme la dificultad para gestionar la doble crisis de los refugiados sirios y del terrorismo yihadista. Es evidente que una y otra solo tienen que ver en el origen: la inseguridad provocada por el califato terrorista está expulsando a centenares de miles de civiles que buscan refugio y prosperidad allí donde pueden estar, en Europa. Aunque es cierto que algunos de los autores de los atentados de París se camuflaron entre los refugiados para cruzar fronteras, estos últimos no son causa sino efecto del terrorismo yihadista y solo la demagogia de quienes amalgaman islam y terror, como hacen Trump y los regímenes húngaro y polaco, permite deducir que hay que prohibir la entrada de musulmanes a Occidente. Aunque no son tan solo los gobiernos de extrema derecha los que propugnan estas políticas. Entre las propuestas para combatir el terrorismo barajadas por el presidente francés, el socialista François Hollande, hay ideas que atentan contra el concepto republicano de ciudadanía, como sería la creación de dos clases de ciudadanos, los que tienen ancestros franceses de pura cepa y los que son inmigrantes de segunda generación ya nacidos en Francia, los únicos a los que se podría desposeer de la nacionalidad. Lo peor de la propuesta es su intención electoralista y sus nulos efectos disuasivos: ¿acaso un yihadista suicida va a preocuparse por su nacionalidad? Hollande teme a Sarkozy, quien a su vez teme a Marine Le Pen, y lo que al final está en juego es que en mayo de 2017 la presidencia francesa caiga también en manos de la extrema derecha y Europa se haga más oscura, más negra. Si Hollande se juega la presidencia en el combate contra el terrorismo, Merkel se juega la cancillería en la gestión ordenada de la oleada de refugiados (1,1 millones) que han llegado a su país en 2015. El año 2016, decisivo para competir en buenas condiciones en los comicios de 2017, no empezó con buen pie para la canciller. La mala noticia se la dieron los numerosos robos y agresiones sexuales a mujeres por parte de centenares de jóvenes, en Nochevieja, identificados por la policía como norteafricanos, principalmente en Colonia, pero también en otras ciudades. La guerra yihadista contra Occidente quiere erosionar el Estado de derecho, las libertades y los valores europeos, y en buena medida lo consiguió ya con George Bush tras el 11S cuando era Al Qaeda quien la conducía. Y lo está consiguiendo bajo conducción del ISIS también ahora en Francia, con Hollande, tras el 13N. Pero pretende algo más, tal como ha explicado Gilles Kepel: enervar las actitudes racistas, victimizar a los musulmanes y provocar una atmósfera de islamofobia generalizada. “Los islamistas se esfuerzan en establecer fronteras comunitarias culturalmente infranqueables para todos los europeos de ascendencia musulmana”. Para conseguir este objetivo de separar a los musulmanes en una comunidad aparte, el terrorismo tiene buenos aliados. No hay que hacer correr mucho la imaginación para sospechar que los hechos de Nochevieja en Alemania, van más allá de un inaceptable comportamiento espontáneo de jóvenes extranjeros, principalmente árabes, y que son en cambio acciones fomentadas e incluso coordinadas por organizaciones hostiles a la sociedad europea.