Actualidad
Enfrentar la crisis
Así como un antiguo indicador de la intensidad de los sentimientos religiosos de un pueblo católico de Francia era el consumo de velas de cera encendidas en los altares de las iglesias, la magnitud de una crisis económica y su evolución pueden mensurarse empíricamente por el incremento del desempleo y este, a su vez, puede seguirse de cerca inquiriendo entre los cercanos cómo va su situación de trabajo.
Entonces no importa que se niegue la existencia de la crisis o la condición recesiva de la economía. Está en la vida. Está en la calle y muy claramente manifestada en los hogares, especialmente en los que dependen de sus ventas en el comercio, antes próspero y ahora deprimido.
Lo peor de todo, sin embargo, es que al no admitirla oficialmente no se actúa con la racionalidad en el gasto público que sería deseable y exclusivamente se la trata de paliar con mayor endeudamiento e insistiendo en que todo depende de la caída de los precios del crudo.
La imprevisión que desechó el ahorro durante los periodos de altos precios no quiere reconocerse como tal y se intenta mantener la ficción de que la recuperación se iniciará pronto, a base de la ligera reactivación generada por las inevitables inversiones públicas y privadas que imperativamente, y con el esfuerzo de todos, debieron realizarse para atender a la destrucción causada por el terremoto que afectó especialmente a las provincias de Manabí y Esmeraldas.
Mientras tanto, es inocultable el encarecimiento del costo de la canasta básica y de todo otro tipo de bienes. La subida del IVA, el incremento de los impuestos a los consumos especiales y los reajustes arancelarios han hecho lo suyo y la respuesta ha sido una retracción en el consumo, que establece un peligroso círculo vicioso que, de no superarse, contribuirá al agravamiento de la recesión, con el consecuente crecimiento del desempleo, especialmente entre los jóvenes, quienes no obstante su voluntad de prepararse de la mejor manera, no encuentran oportunidades en un mercado laboral cada vez más estrecho.
Si a lo señalado se le suma la incertidumbre propia del inicio de un periodo de elecciones, no son alentadoras las expectativas que se pueden tener hacia el futuro.
Para intentar superarla, debería convocar el Gobierno a la elaboración de un plan nacional a ese efecto.