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Diario Expreso Ecuador

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Sin ejercito

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En 1948, por el fraude electoral en Costa Rica (no sé por qué me huele a conocido), José Figueres se alzó en armas tras desconocer el Congreso la elección del candidato opositor. (Dígase Don Cheto y combo). La guerra civil terminaría con la victoria de Figueres. Tras ello se produjo el pacto. Se dio dieciocho meses al Ejército para iniciar la transformación de la sociedad costarricense.

En noviembre de 1949 se emitió la nueva Constitución Política en medio de un gran debate nacional. Esto dio inicio a la transformación de Costa Rica, al crear un país sin la amenaza de la violencia. Pues aquí viene lo increíble: la colectividad costarricense consideró que el Ejército no era necesario para el esquema de transformación de la sociedad hacia el desarrollo y lo suprimió. Es que si analizamos la historia, los estamentos armados surgen siempre para proteger al rey, al soberano. Hoy en día “ya sabemos” que la soberanía radica en el pueblo y no en el monarca. Entonces, se supone que las Fuerzas Armadas protegen los derechos ciudadanos y no al autócrata de ocasión. Pero resulta que en la práctica, se escudan en el anacrónico artificio de que son obedientes, “no deliberantes”, y ahí tienen la excusa para no cumplir con el rol que les asigna la Constitución. (“-Dispara. -No, la Constitución me prohíbe”. ¿Esto no es deliberar? )Y encima, se pretende crear ahora una fuerza armada de élite para enseñarnos a hacer pícnics y darnos cursos de oratoria. ¿Saben que? Vayan a verle la careco a otro. Esa fuerza de élite tiene la finalidad de hacernos lo mismo que hacen en Venezuela: sacarle la madre a los ciudadanos, no defender sus derechos. Y como los ecuatorianos estamos hartos de que nos vean la cara, y además algunos pensamos que la violencia es lo que -algún día- terminará por destruir el género humano, mejor juguemos el juego de Costa Rica y Andorra: una sociedad sin armas. Sin ejército y sin paramilitares. Es la única forma de evitar que nos matemos en las calles. Total, a nuestro Ejército no le quita el sueño tutelar nuestros derechos y defendernos de los “paras”. No lo harán.

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