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Ecuador se vistio de fiesta
La atención de los hinchas se enfocaba en la gran pantalla que se erigió frente al monumento a Rumiñahui, en Sangolquí, en las afueras de Quito. Anoche, sobre el televisor gigante que se improvisó había un gran cartel que tenía la frase ‘Locura del Val

La atención de los hinchas se enfocaba en la gran pantalla que se erigió frente al monumento a Rumiñahui, en Sangolquí, en las afueras de Quito. Anoche, sobre el televisor gigante que se improvisó había un gran cartel que tenía la frase ‘Locura del Valle’.
Frente a esta suerte de sala de cine, la fanaticada del Independiente José Terán gritaba con euforia por el equipo de sus amores, el cual se enfrentaba al club Boca Juniors, en Argentina. En medio de la aglomeración estaba un hombre que llevaba una máscara, similar a la que usaba el luchador mexicano Blue Demon. Su alegría se desbordaba en los cánticos hacia los ‘rayados’ y cuando cesó por un instante de apoyar a la escuadra, se concentraba en mirar el partido.
Su nombre es Édgar Calderón y lleva nueve años como seguidor del conjunto que alguna vez rozó la segunda categoría antes de alcanzar el éxito en la serie A. “Siempre hemos sido humildes. Llegamos hasta donde estamos con mucha garra y corazón. A pesar del resultado, siempre les seguiré”, contaba con entusiasmo el hombre.
El partido transcurría con normalidad, hasta que cerca de los tres minutos Frank Fabra de Boca Juniors hizo la primera anotación que ponía en ventaja a los sureños. El silencio reinó en ese momento, los gritos se apagaron y las muestras de lamento se agudizaron.
Sin embargo, el apoyo creció y Calderón seguía gritando junto a los demás hinchas. Minutos más tarde, Luis Caicedo se aprovechó de un descuido del arquero gaucho y anotó el empate.
En el segundo tiempo, el miedo a perder creció con las llegadas constantes de Boca. Sin embargo, los goles de Bryan Cabezas y Julio Angulo frenaron el entusiasmo futbolístico de los argentinos.
Desde ese momento, el orgullo por el Independiente inundó el escenario de Sangolquí. Cuando el árbitro dio el pitazo final, los festejos se encendieron. Por una noche el fútbol logró reunir a hinchas de varios clubes alrededor del equipo que representa con valor a todos los ecuatorianos. MAG