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Ecuador: drama y paradoja
Leopoldo Benites Vinueza fue ante todo un señor, un intelectual de alto nivel que ofreció, en la década convulsionada de los años cuarenta del siglo pasado, una nueva interpretación de la historia ecuatoriana, basada no ya en los avatares biográficos de las figuras consagradas por las historiografías anteriores sino en el drama y en la paradoja de los que han formado la nación ecuatoriana. Sufrió cárcel y no pidió ninguna concesión que pudiera ir en contra de su honra, palabra desaparecida en los diccionarios políticos de los socialismos salientes. Fue además un diplomático de fuste, de la misma talla que sus contemporáneos de la primera mitad del siglo XX, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, José Vasconcelos y entre nosotros, Jorge Carrera Andrade.
Benites tuvo la pasión de los señores: que la vida coincidiese con las obras. Por eso fue a parar a la cárcel: por denunciar dictaduras, como hoy son la de Maduro en Venezuela o la de Ortega en Nicaragua, con una diferencia: las de su época no llegaron a la represión sistemática ni menos a ser denunciados por cometer “crímenes de lesa humanidad”, como señala el Informe de la Secretaría General de la OEA en el caso del gobierno chavista. Articulista de diario El Universo, mereció la publicación de dos de sus libros en el Fondo de Cultura Económica de México bajo la severa y exigente dirección del historiador mexicano Daniel Cossío Villegas, en una época en que se publicaban obras por mérito y no por pago de favores. Recibió doctorados “honoris causa” cuando estos se entregaban porque simplemente las personas los merecían, no por “gestiones” o tramposerías. Quienes los otorgaban eran sanos moralmente, más allá de las vilezas del comercio académico.
Leopoldo Benites Vinueza fue finalmente, lo menos importante: vigésimo octavo presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Fue un reconocimiento a sus virtudes y capacidades. Cuando se retiró, no lo hizo para disfrutar alguna mansión adquirida por arte de magos sino para escribir acerca de Bolívar y Montalvo. Y reflexionar sobre el drama y paradoja de su país.