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El drama tras el sismo marco a los profesionales voluntarios

Sus ojos se humedecen y su voz se quiebra al recordar el rescate fallido de una persona que gritaba debajo de los escombros. “A las dos de la mañana escuchamos gritos de una persona dentro de una estructura colapsada. Nos prestamos para rescatarla, pe

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Sus ojos se humedecen y su voz se quiebra al recordar el rescate fallido de una persona que gritaba debajo de los escombros. “A las dos de la mañana escuchamos gritos de una persona dentro de una estructura colapsada. Nos prestamos para rescatarla, pero no fue posible, lamentablemente falleció”. Así rememora Nelson Bodero uno de los momentos más dramáticos durante los cuatro días de su servicio en Canoa después del terremoto del 16 de abril. “Fueron cuatro días, los primeros después del desastre, los más críticos”.

Bodero es economista y aún es aspirante a ingresar a la Fuerza de Resistencia Naval (Furena). Al otro día del temblor de 7,8 grados, fue movilizado junto con el contingente militar hacia la zona cero.

Bodero estaba en Santa Elena cuando sucedió el terremoto. Apenas se activó la emergencia se reportó con sus superiores de la Armada y esperó el despliegue de los uniformados a los distintos puntos donde el movimiento telúrico destrozó casas y cobró vidas.

Junto a él prestó sus servicios Rafael Morán, que tiene 17 años en Furena y en su vida cotidiana gerencia una empresa de seguridad. Cuando llegó a la zona cero, quedó impactado por el escenario que encontró: un pueblo devastado, cuerpos aplastados que debían ser retirados. Algo para lo que se habían preparado, pero que nunca habían vivido.

Sin embargo, el trabajo de rescate y apoyo debía ser ejecutado, pues para ello se han entrenado. Es lo que indica el contador Pedro Calderón Zamora, uno de los miembros con mayor antigüedad en Furena (23 años).

Luego del sismo fue desplegado hacia Bahía para servir en el grupo de trauma de ambulancia. Los cuatro días que permaneció en la zona cero fueron impactantes. “Teníamos ejercicios de ese tipo de desastres, tanto de estructuras colapsadas como de rescate vehicular, rescate en media montaña, pero no habíamos vivido una experiencia como esa”.

Y muchas veces el trabajo se volvía frustrante, cuenta Carlos Jara Piedrahíta, un comunicador social con 25 años dentro de las filas de la Fuerza de Resistencia, que en primera instancia estuvo dirigiendo las comunicaciones de la entidad. “Lo más satisfactorio fue que pudimos rescatar criaturas, animales, ancianos; dar agua a quienes la necesitaban”.

El adiestramiento que tienen en el grupo militar les sirvió para desarrollar su labor. Así lo reconoce la abogada Olga Torres, que como miembro de la Fiscalía General del Estado (Guayas) fue enviada a Pedernales para recibir los cuerpos de los fallecidos. “Fuimos un grupo de 20 fiscales. Estábamos asustados, pero con los conocimientos que he ido adquiriendo pude ayudar a mis compañeros, decirles ‘por aquí no es seguro’, ‘caminemos por allá’”, relata esta profesional que al igual que sus compañeros conoció de cerca el drama después del terremoto.

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