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Que dijo Cada vez oimos menos

A veces ni nos damos cuenta, pero ya no escuchamos como antes. ¿No le han dicho que está hablando muy alto, o que sube demasiado el volumen del televisor? Las señales de que nos estamos quedando sordos son tantas como las causas: desde los pitos por el tráfico cada vez más desesperante, hasta el estrés y el irrespeto de los vecinos ruidosos.
Todos los días nos enfrentamos a detonantes. Por eso, en el mundo se han comenzado a tomar precauciones, como, por ejemplo, realizar pruebas de tamizaje auditivo a los recién nacidos, algo que en el país se hace también en los sectores público y privado.
Muchos desconocen los daños a los que están sometidos, así como los derechos que tienen. Y son pocos los que saben que hay organismos a los que pueden acudir para poner un freno.
Mientras tanto, las cifras siguen subiendo. Y aumentan por falta de información, pues la mitad de los casos hubiera podido prevenirse y tratarse a tiempo.
¿Pero cómo lo evitamos?
No es poco usual pasar por gripes mal curadas, pero nunca se nos ocurre, después de eso, someternos a un chequeo. La consecuencia también puede darse en su oído, produciendo un trastorno que, si no es tratado en el momento, puede causarle un daño irreversible. Lo dice María Martha Gando, fonoaudióloga argentina radicada en el país desde hace 30 años.
Además, hay otro aspecto que ni imaginamos que repercute en la audición: el estrés. Hay cada vez más personas jóvenes que atraviesan por una sordera súbita por esta causa. Ocurre cuando pequeños vasos sanguíneos se rompen y causan una especie de derrame, que altera al nervio auditivo.
Por eso, esta profesional pide tomar conciencia de que no solo la vista debe ser revisada. E insiste en un problema que aqueja a los chicos y es el uso de los auriculares a un volumen que no es el que puede soportar el oído humano. El año pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dio esa alerta: 1.100 millones de jóvenes podrían sufrir pérdidas de audición por esta causa. Pero pese a la difusión, los chicos siguen evadiendo el consejo.
No hay que olvidar que no podemos soportar más de 85 decibeles por mucho tiempo. Por ejemplo, estar expuestos a 100 durante más de 15 minutos (como el ruido de las discotecas) es considerado un nivel sonoro de riesgo.
Wilson Tenorio es presidente de la Fundación contra el ruido (Funcorat), que lleva más de 20 años organizando marchas para concienciar a los guayaquileños sobre el ruido que emitimos y al que estamos sometidos. Es una lucha que no frena contra un contrincante al que llama “el enemigo silencioso”. Mientras ellos tratan de direccionar las denuncias, de hacer campañas, talleres y de ir a los colegios, aumenta también el número de gente que irrespeta no solo la tranquilidad sino el oído de los demás, con altoparlantes o megáfonos.
Y es un problema al que se le debe prestar atención desde la infancia. En ocasiones se cree que el niño demora en decir sus primeras palabras por engreimiento, cuando puede ser por falta de audición.
Patricia Ordóñez, pediatra y directora de Kinderzentrum, explica también que es básico que los padres sepan que no está bien que tengan todo el tiempo el televisor encendido para que los chicos se sientan acompañados. “En esta ciudad tan ruidosa, en este mundo en el que hay tantos estímulos auditivos, hay que dar un espacio a este silencio”, dice.
Ante esta realidad, EXPRESO presenta algunas de las señales a las que debe prestar atención y los lugares a los cuales acudir a presentar sus denuncias. Así que haga respetar sus derechos si no quiere comenzar a pedir que le repitan las frases, porque no escucha.
Los pequeños talleres y las iglesias, entre los denunciados
No todos denuncian, pero quienes lo hacen, permiten tener una idea de cuáles son los ruidos más molestos para quienes residen en Guayaquil. En la lista, hay catorce denuncias presentadas en el departamento de Ambiente del Municipio, de enero a abril pasados.
Cada año, las denuncias que más se dan, tienen que ver con esos pequeños talleres que, por el tipo de equipo o maquinaria que utilizan, afectan a los vecinos.
En los primeros cuatro meses de 2016, la mayor cantidad de quejas (seis) se dio por el ruido emitido por compresores de aire acondicionado, cuatro por ruidos de iglesias y un número igual por centros educativos.
Para saber si el negocio o institución está incumpliendo las normas, los miembros del departamento deben revisar primero cuál es el nivel permitido de ruido en esa zona. No es lo mismo si se trata de un área residencial, que una industrial o mixta. Por ejemplo, en una ciudadela son admitidos 55 decibeles en el día y 50 en la noche.
Con esta información, los técnicos acuden con un sonómetro al lugar para ver si realmente se excede de los límites. En caso de que así sea, se da al infractor un plazo de 30 días para que realice las adecuaciones correspondientes.
En el departamento de Medio Ambiente también se reciben quejas por ruidos que salen de las discotecas. Es decir cuando el alto volumen de la música no se queda dentro sino que perturba a los vecinos.
Hasta ahora no se han tenido que aplicar sanciones porque los locales visitados han hecho sus adecuaciones en el tiempo previsto.