Actualidad
...con destino marinero...
una de las más inspiradas composiciones nacionales: Romance de mi destino, dice en la letra escrita por el historiador guayaquileño Abel Romeo Castillo, del destino marinero de quien siempre tiene que embarcarse, que sabe el lenguaje de los pañuelos agitándose en los muelles y que la única flor que conoce es la rosa de los vientos.
Conviene traer esa hermosa poesía a primer plano cuando se debe reafirmar una esencial vocación marítima que se inicia hace cientos de años en la tradición de los balseros huancavilcas quienes, además, fueron pioneros del comercio internacional de lo que más tarde sería el Ecuador.
Por el mar, en arriesgados viajes, los diestros navegantes precolombinos llevaron y trajeron productos del vecindario.
La privilegiada geografía del Guayas y su ría con el paso del tiempo fueron consolidando una gran trayectoria portuaria que tiene un basamento “sine qua non”, que es del caso citar: no es la infraestructura la que atrae la carga, es al revés. La carga que el desarrollo de la región de que se trate genera y consume, constituye el “hinterland” que sostiene la necesaria fluidez del imprescindible intercambio que justifica las inversiones en nueva y más sofisticada infraestructura.
Guayaquil, por la pujanza de sus habitantes se volvió la capital montuvia, se constituyó en la insustituible zona de influencia, justificante de las inversiones portuarias.
Pero la racionalidad implícita en lo señalado no es una categoría fácil de asumir por la diversidad de los legítimos intereses que siempre se agitan alrededor de la construcción de infraestructura de magnitud significativa o por la también valedera aspiración de progreso que dichas obras concretan.
Así, debe ser la posibilidad establecida desde los estudios que lo ameritan, la única razón para proceder a contratar y no, como ha ocurrido en demasiadas oportunidades, cualquier otro tipo de motivaciones, incluidas algunas claramente reñidas con la tan estropeada ética pública y privada.
Habiéndose convertido el despilfarro y la corrupción en prácticas intolerables en cualquier gestión de calidad y estando ambas ampliamente difundidas en ámbito planetario, bien cabe exigir plena transparencia y racionalidad en las contrataciones recientemente autorizadas para el puerto de aguas profundas en Posorja.