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La y las culturas de hoy
Los diferentes estudios e investigaciones de antropólogos, sociólogos, etnólogos, historiadores y expertos en comunicación dicen que hoy vivimos una eclosión de cultura. En efecto, estamos ante un proceso inédito en el que la diversidad cultural revela su riqueza en toda su magnitud.
Hoy no se habla de la cultura sino de las culturas. Su esencia y lógica se muestra en esa diversidad. Esto no es solo a nivel mundial sino también nacional. En torno a esto hubo un rico debate, no siempre llevado con altura, que supuso la existencia de una sola: la nacional.
Esta visión estaba vinculada a la afirmación del Estado nacional, que daba lugar a la “cultura nacional”. Ignoraba y desconocía que la sociedad ecuatoriana tiene unidad y diversidad cultural. Rechazaba la existencia de las culturales regionales y locales. Mucho se ha trabajado en este tema. La Constitución lo aborda en los artículos 1, 4, 11, 16, 21, etc. Desde esta perspectiva cabe insistir en la necesidad de respetar la pluralidad y la práctica de la interculturalidad.
También celebramos la creación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Su fundación buscó que intelectuales, desde la institucionalidad, desplieguen acciones en los diferentes ámbitos del arte: teatro, literatura, música, etc., cristalizándose en obras y publicaciones.
Su creación no estatizó la cultura. No impuso ni direccionó una sola visión y horizonte. Tampoco esta importante institución debe servir a dogmas políticos y a gobiernos de turno. Por eso ahora más que nunca son significativas las propuestas y acciones que desplegó Benjamín Carrión para cumplir uno de sus principales postulados. Este señalaba que: “Si no podemos ser una potencia militar, ni económica, podemos ser, en cambio, una potencia cultural, nutrida de nuestras más ricas tradiciones”.
Hoy es importante reposicionar la diversidad cultural, respetarla, otorgarle su validez, dejando atrás las visiones y creencias dogmáticas y ultranacionalistas que desconocen nuestra heterogeneidad cultural. Es tiempo de validar la autonomía efectiva de la Casa de la Cultura, de plantearse una ruta no estatal para que se pueda actuar sin la tutela de aquellos que piensan que el Estado es el único rector y orientador de la cultura nacional, regional y local. Hay que festejar la pluralidad y no la uniformidad.