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Con un cuchillo intento terminar con su pareja
Justo a tiempo. La oportuna intervención de dos policías impidió que ‘Maritza’, una mujer de 33 años, y madre de siete menores de edad, se convierta en la novena víctima de femicidio del 2017.

Justo a tiempo. La oportuna intervención de dos policías impidió que ‘Maritza’, una mujer de 33 años, y madre de siete menores de edad, se convierta en la novena víctima de femicidio del 2017.
A las 08:00 de ayer, una alerta al ECU-911 llevó al cabo Gabriel Tandazo y al sargento Wilson Narváez a acudir al domicilio de la mujer, ubicado en la Isla Trinitaria (sur de Guayaquil), para verificar una supuesta violencia intrafamiliar.
Al llegar, los gritos que salían de la vivienda agigantaron los pasos de los gendarmes, quienes al ingresar observaron a un hombre que -con un cuchillo en la mano- amedrentaba a ‘Maritza’.
Se trataba de su cónyuge que, en un aparente estado etílico intentaba agredir físicamente a la mujer, por supuestos celos. Al ver la escena, los uniformados se abalanzaron para desarmarlo. Una acción nada fácil, según uno de ellos, quien perdió su teléfono celular en el forcejeo.
Tras neutralizarlo, el hombre fue embarcado en la patrulla para llevarlo a la Unidad de Flagrancia de Guayaquil.
En el trayecto, el belicoso habría amenazado con matar a su pareja cuando lograra salir, según contó el cabo Tandazo.
Más adelante, el sujeto debió cambiarse de ropa. Había hecho sus necesidades biológicas dentro de la patrulla, que quedó manchada y con hedor a excremento.
El sospechoso aceptó que estaba alcoholizado y gritaba que no le había pegado a su esposa y que se habría tratado de una simple discusión.
No obstante, los agentes tenían como evidencia el cuchillo y ‘Maritza’ estaba decidida -esta vez- a denunciarlo. No era la primera vez que los uniformados acudían a esa casa por violencia intrafamiliar.
Entre sollozos, la mujer resumió a las autoridades que tenía quince años de relación con su esposo y, desde entonces ha sido víctima de agresiones. “Dijo que me iba a matar. Estaba con celos, pero yo no he hecho nada”, se defendía la mujer. La noche anterior había llegado tarde a casa, por la lejanía de su trabajo. Su esposo, un desempleado, le reclamó la demora. PVC / SCM