Crisis, corrupcion y elecciones

Siendo los que dan título al presente editorial, dos de los temas críticos de indudable relevancia en la actual situación nacional, es apenas obvio que durante el proceso electoral formalmente recién iniciado, se debata con inusitada pasión sobre ellos.

En efecto, sobre la crisis se venía opinando, bien para denunciar su existencia, bien para negarla pero, poco se había señalado respecto a cómo enfrentarla. Ahora, cuando ya es inocultable en sus lamentables consecuencias, la crisis es parte importante de la agenda de los candidatos y, aunque todavía de manera insuficiente, ya se vislumbran las diversas posiciones que marcan las vías que “potencialmente” asumirán en la búsqueda de superarla. Potencialmente, cabe advertirlo, dado que hasta donde se sabe no se tiene certeza de cifras claves para la elaboración de planes de acción, tales como las de la magnitud del endeudamiento. Tampoco se conocen sus condiciones y cuánto se han comprometido en venta anticipada de recursos naturales o sobre compromisos pendientes de otra naturaleza. De modo que los planes deberán ser pulidos y perfeccionados entre la primera y la segunda vuelta electorales, partiendo del sobreentendido de que los candidatos finalistas tendrán acceso privilegiado a las cifras de la economía. Al respecto debería darse un acuerdo nacional entre los aspirantes presidenciales, que busque frenar el endeudamiento agresivo en condiciones onerosas, las cuales van a comprometer la buena marcha del futuro gobierno, cualquiera que sea quien lo ejerza.

Respecto a corrupción, cuando también se la admite oficialmente en determinados casos, pareciera que el afán del Gobierno, que ha sido sistemático en negarla, en estos días de elecciones es el de dar la imagen de que es el primer interesado en combatirla y niega, por ejemplo, que el haber contratado diversas obras de infraestructura sin licitación, amparados en la promulgación de decretos de emergencia, no la ha favorecido.

En cualquier caso, más allá del debate sobre responsabilidades, las “omisiones” son visibles en varios actos de la Fiscalía, e incluso legisladores oficialistas se han pronunciado críticamente respecto a lo que consideran negligencias que deben ser explicadas. Mientras tanto, en el ámbito de la Asamblea Legislativa parece improbable un enjuiciamiento al fiscal.