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El candidato que necesitamos debe entender, apelar y gustar a la juventud

A menos de que una crisis imprevista altere el curso del país y consolide las posiciones actuales, las elecciones de febrero de 2017 serán un proceso de cambio. El creciente desencanto ecuatoriano con el proceso democrático y el desprestigio de la clase política, especial pero no exclusivamente del gobierno de la revolución ciudadana, abrirán la puerta a opciones que prometan una alternativa de gobernabilidad.
Hay, pues, el espacio natural para un candidato nuevo e independiente a la presidencia. Las condiciones, de hecho, son ideales y, quizá, irrepetibles.
Pero precisamente porque la ventana de oportunidad es histórica, las distintas corrientes sociales que anhelan un candidato nuevo e independiente, deberían pensar bien a quién apoyan y cómo lo apoyan. De poco servirá un candidato que no haga suya la variable generacional.
Un candidato que no entienda, apele y guste a la juventud será un candidato al fracaso. Por ello aspiramos a un relevo relativamente joven que sepa canalizar el descontento actual y, crucialmente, entienda y encarne las aspiraciones de un universo de juventud. ¡La oportunidad está ahí!
Mario Vargas Ochoa