Los paisas celebraron con bailes, gorros y aguardiente de su tierra; los ecuatorianos deberán esperar hasta septiembre -ante Brasil- para volver a festejar.

Un cafe muy amargo

Sin duda el fútbol debe ser de los deportes que produce tremenda bipolaridad en las personas. En un instante se vive una felicidad tremenda, y en otro puede ser lo más cercano al fin del mundo.

Sin duda el fútbol debe ser de los deportes que produce tremenda bipolaridad en las personas. En un instante se vive una felicidad tremenda, y en otro puede ser lo más cercano al fin del mundo.

Junto al pitazo inicial se acababa la ansiedad y los nervios se apoderaban del cuerpo. Por el rincón cafetero, había optimismo, eran locales y su selección venía en alza. Por el lado de Ecuador, la gente no perdía su “fe” a pesar de no amarrar los tres puntos en el encuentro pasado ante Paraguay.

Choque de confianza. Pero esto es fútbol, a veces se gana y se disfruta, y en otras, es turno de una amarga derrota.

Un gran conglomerado de hinchas cafeteros se reunió en el bar Mi Colombia, en donde a pesar de existir dos equipos, el amarillo primó.

“Hemos apostado con mi novia -colombiano- que la Tri gana en Barranquilla”, dijo Pedro Albín, quien fue a compartir el duelo junto con su enamorada.

Pero en corto tiempo, un giro sorprendente de Carlos Bacca, que terminó en gol, envió el restaurante abajo. Abrazos, besos y cánticos se apoderaron del lugar. Los hinchas cafeteros se llenaban de orgullo, los ecuatorianos no querían perder la ilusión de la sorpresa.

Ecuador no daba señales, y aquella efusividad de la hinchada mermaba de a poco.

Con el segundo y tercer gol, toda chance de sorpresa se desvanecía. La selección de Gustavo Quinteros caía por primera vez en las eliminatorias.

En la Península de Santa Elena, hinchas de la Tri miraron, desde la calle, con amargura el restaurante El Rincón del Paisa, en donde los colombianos festejaban la goleada.

“Arriba mi Colombia, hoy celebramos con aguardientico de mi tierra, vamos a ganarnos el mundial”, gritó un cafetero.

“Estos dos partidos no se han jugado nada bien. Con Brasil esperemos desquitarnos, la gente no pierde la fe en esta selección, tenemos jugadores muy buenos, hay que meterle un poco más”, explicó Roberto Tuma, quien llegó muy optimista al Diblú Fan Fest, en el estadio Modelo, pero se retiró con zozobra.

El golazo que marcó Michael Arroyo fue un espejismo en la calurosa Barranquilla. Un efímero momento, en el que los ecuatorianos gritaron unidos, pero era irrelevante. La derrota estaba firmada y sellada.