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Diario Expreso Ecuador

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Besar, sentir y oler por Internet

Adrián Cheok quiere combinar el mundo físico y el digital en tiempo real. La idea es transmitir todo tipo de sensaciones a través de Internet. Los avances tecnológicos y de la ciencia podrían acortar este logro a menos de 15 años.

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Su tesis es sencilla: convertir Internet en un espacio conectado emocionalmente a través de hardware. Por ahora cuenta con chips para probar sabores, oler e incluso darse besos, en los que ha trabajado desde hace más de dos años.

Ya que nuestra comunicación hoy se fundamenta, en gran medida, en el uso de Internet y el smartphone mediante las redes sociales, Cheok cree que es ahí donde se deben orientar los progresos.

“En el mundo real solo puedes abrazar a una persona cada vez; pero si las digitalizas, puedes abrazar a tus mil amigos en Facebook”, explica este entusiasta que además es el director del Imagineering Institute.

Cree que en el futuro tendremos relaciones, amigos e incluso amantes que no serán físicos sino robots o personajes virtuales, y nos comunicaremos con ellos con los cinco sentidos. La clave para este logro, dice, es la combinación de inteligencia artificial y tecnologías multisensoriales.

El primer progreso de Cheok y su equipo gira en torno al tacto. Siguiendo los pasos de Kissenger, aquel robot de la compañía Lovotics a través del cual se pueden mandar besos. El invento es un rectángulo de silicona, de color rosado, que sujeta al teléfono.

El dispositivo dispone de sensores de presión: un algoritmo que calcula en tiempo real los índice de presión y dirección cuando se produce el beso. Pero que también se puede usar, simple y llanamente, para transmitir sentimientos positivos, de buena suerte, para saludar, o para felicitar el cumpleaños a nuestra abuela.

Si no quiere cerrar los ojos, a través de la pantalla del móvil verá la frente o el rostro de la persona besada. El gadget en cuestión es lavable y tiene la forma de unos labios estándar. No tienen aroma, pero la textura tampoco se asemeja a una simple tubería de plástico.

Lo que más les está dando problemas son los sentidos del gusto y el olfato porque no funcionan con ondas, como el sonido o la vista, sino con moléculas.

En las conversaciones a través de Internet, hoy podemos lanzar un emoji tan cargado de significado como cualquier carta. La obsesión de Cheok solo necesita algo de tiempo extra. Como seres emocionales y sociales, la comunicación seguirá más allá de cualquier forma de digitalización, de los implantes cibernéticos o la humanización de Internet.

10 años para emular todos los sentidos

La digitalización del audio tomó un siglo, 50 años hacer lo mismo con el vídeo y ya hemos llegado al HDR. “Digitalizar el olor o el sabor no nos llevará más de 15 años, debido a la aceleración de la tecnología”, sostiene Cheok.

La digitalización de los olores o sabores siempre ha estado ahí de alguna u otra manera. De las cartas aromáticas a los olores en la industria del cine. El suizo Hans Laube presentó en la Expo Mundial de Nueva York de 1939 ‘Scentovision’, un sistema que añadía banda aromática a la película. De esta manera, dosificando pequeñas dosis con tubitos escondidos tras las butacas de cada espectador, se amplificaría el poder narrativo de la obra. No sorprendió.

Digiscent, en cambio, presentó hace algunos años iSmell, aplicación para incorporar olores al email. Un aparato receptor sintetizaba el olor a través de un chip que asimilaba y analizaba la huella que dejaba los olores, y otro que producía el olor asimilado. Tampoco maravilló. Ojalá lo logre.

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