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Barcelona logro un empate agridulce

Apenas se escuchó el pitazo final del árbitro José Luis Espinel y se sentenció el empate, los cerca de 25 mil hinchas albos soltaron un grito de alivio.

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Apenas se escuchó el pitazo final del árbitro José Luis Espinel y se sentenció el empate, los cerca de 25 mil hinchas albos soltaron un grito de alivio. En la zona de la general sur baja se prendieron bengalas y hasta se lanzaron papeles a la cancha, mientras cantaron con fuerza por su equipo. Fue su forma de celebrar que aún se mantiene el invicto de su estadio ante Barcelona.

Mientras, los jugadores del Ídolo se retiraron con la mirada al piso, reprochándose entre ellos algunas jugadas, pero sin hacer tanto problema. Más que resignación, había bronca porque no pudieron conservar la ventaja que consiguió Damián Díaz, con un tiro libre, cuando el Ídolo mandaba en la cancha.

El empate, después de todo, les deja aún con posibilidades de ganar la etapa. Claro, ahora están obligados a golear a Delfín el fin de semana, porque el gol diferencia ganó protagonismo.

En esa pelea por el balón, en los minutos iniciales Barcelona fue mejor. Ahogó al rival con presión alta. Prácticamente no le dejó pasar de la mitad de la cancha. Y producto de ello Díaz anotó el gol.

Aunque trató de mantener ese ímpetu, poco a poco perdió fuerza. El empate le golpeó cuando mejor estaba. Fue por un mal rechazo que Cevallos aprovechó y anotó tras sacarse la marca de dos.

Aunque el cuadro torero mantuvo el dominio de la pelota hasta los 25 minutos, perdió sorpresa cuando se asentaron los tres volantes de contención del local.

En el segundo tiempo el fútbol desapareció. Ninguno fue capaz de mandar y salvo el remate de Alfredo Intriago, que se estrelló en el horizontal, no hubo jugadas de real peligro en las dos porterías.

El partido inclusive pasó a un segundo plano para algunos hinchas que se dedicaron a pelear con Ariel Nahuelpán.

Eso se sumó al constante fastidio que mostraron por Jhonatan Álvez, cada vez que tomó el balón. Y todo se sumó cuando uno ingresó por el otro. La pifia fue más sonora que los mismos gritos en los goles.

Así, el juego sin emociones al final, cerró un nuevo capítulo en el que Barcelona no puede ganar en Ponciano.

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