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Una autopsia al puente
En su oficina en un edificio del norte de la ciudad, un ingeniero local arma con trozos de láminas de balsa y tubos para redes eléctricas una réplica de lo que era el paso a desnivel ubicado en la avenida de las Américas y que cayó la noche del 16 de a

En su oficina en un edificio del norte de la ciudad, un ingeniero local arma con trozos de láminas de balsa y tubos para redes eléctricas una réplica de lo que era el paso a desnivel ubicado en la avenida de las Américas y que cayó la noche del 16 de abril.
Su objetivo es demostrar que este puente colapsó “por un mecanismo de falla de uno de sus elementos estructurales”. No es fácil entender el lenguaje técnico de los especialistas en diseño sismorresistente, como lo es Jaime Argudo Rodríguez, quien además tiene título de ingeniero forense. En esos conocimientos se basó para hacer la ‘autopsia’ del citado puente.
“Las pilas centrales colapsaron por un mecanismo de falla”, explica. Asegura que cuando ocurrió el sismo, las pilas con menor tamaño se movieron, cedieron hacia atrás y dejaron en el aire la estructura central del viaducto. Entonces, todo el peso recayó sobre las pilas centrales, las cuales no aguantaron y terminaron siendo aplastadas.
Esa es la explicación desde la ingeniería forense. Para Ottón Lara, un ingeniero que diseñó construcciones como el tercer y cuarto puente sobre el río Guayas, los túneles San Eduardo y la readecuación sísmica del antiguo puente Rafael Mendoza Avilés, el siniestro vial puede ser entendido también desde dos aristas: la intensidad del sismo, pero también por una cuestión del diseño.
Sobre esto último habla de una cuestión de tiempo. “Los diseños van de la mano con los conocimientos del momento. No es lo mismo diseñar en 1980 que en 2016”.
Argudo recurre a una precisión: “Recién en 1998 la ingeniería sísmica en EE. UU. se extiende a la construcción de puentes”.
Un conocimiento que en el país se aplica en las obras que contrató Corpecuador desde 1999, en la reconstrucción pos El Niño de 1997. El paso elevado que se cayó fue edificado entre 1984 y 1985.
También habla de cómo la ingeniería sismorresistente se ha renovado. “La primera generación de edificios con esa técnica aparece en los años 70 y luego se determinó que el comportamiento de esas construcciones no era óptimo”.
Armando Ronquillo Ramírez, quien trabajó en obras como el puerto marítimo y la red de agua potable en Guayaquil y construyó el paso elevado que va de la calle Esmeraldas hacia la avenida de las Américas, dice que habría que buscar alguna razón más allá del diseño.
Aclara que los estudios para el viaducto de la calle Esmeraldas y el de la av. de las Américas estuvieron a cargo de uno de los estructuristas más reconocidos de la época: Tomás Castro Abad. “Los cálculos fueron hechos en México, con la tecnología más avanzada de ese momento”, asegura.
En una publicación hecha por EXPRESO una semana antes del terremoto del 16 (‘Pasos a desnivel, una evaluación necesaria’), varios técnicos dijeron que los 45 puentes a desnivel en la ciudad provocaban “cierta inquietud por el tiempo que han servido y por el enorme aumento del parque automotor que soportan”.
En la nota se menciona desgaste en las juntas y el pavimento y daños en las barandas, imperfecciones que los viaductos elevados suelen presentar cada cierto tiempo. Unos pocos de estos muestran además “deformaciones en sus vigas”.
Pero no es la primera vez que se habla acerca de los riesgos que implican estos. En 1999 un diagnóstico de vulnerabilidad en Guayaquil hecho por las Naciones Unidas, denominado Radius, seleccionó cuatro puentes para detallar posibles daños en caso de un terremoto de consideración. Entre estos aparece el puente caído.
Radius hizo ciertas recomendaciones: que el Municipio promueva la expedición de normas sísmicas para el diseño de nuevos puentes y la revisión de la seguridad de las estructuras con mayor vulnerabilidad.
Pero ese estudio tenía como escenario un sismo de 8 grados. Aunque la intensidad del que ocurrió en la costa norte del país la noche del 16 fue de 7,8, en Guayaquil (según dicen los técnicos) se lo sintió de 6 grados.
Argudo habla de que hay que tomar medidas, pues el movimiento sísmico de esa noche determina que la mayoría de puentes aguantan un temblor de 6, pero no se sabe cómo reaccionarían con uno de 7 u 8.