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Aprender a vivir
La vida es un permanente aprendizaje. La vía para aprender es la educación, pero siempre hubo insatisfacción con ella, sea pública o privada, especializada o general, humanista o técnica, individual o colectiva, científica o literaria, por eso provoca interminables debates, aunque nadie discute que el principal insumo para tener una mejor sociedad es la educación, sin desconocer que sus propios paradigmas están en constante evolución.
La Unesco se propuso a finales del siglo XX emprender en un desafío que denominó Educación a lo largo de toda la vida. Para ello convocó a foros en todos los continentes, en los que se debatieron los desafíos de la educación para el siglo XXI. Se conformó una comisión con integrantes de 15 países procedentes de los más variados medios geográficos, académicos, culturales y profesionales, que investigaron y prepararon lo que se denominó Carta magna de la educación para el próximo siglo.
Aquel documento contó de un epílogo con quince ponencias cortas y sus respectivos anexos. Una primera parte describe el escenario en que habrá de desarrollarse la educación a nivel planetario, concluyendo que la educación solo podrá cumplir su papel en la formación de personas y pueblos, en la “aldea global” o el “aula”, si los estudiantes consiguen “aprender a conocer”, “aprender a hacer”, “aprender a ser” y ”aprender a vivir juntos”.
Una segunda parte establece que una educación del futuro debe basarse en el desarrollo equilibrado de estos cuatro pilares.
En una tercera parte propone que la educación a partir de estos principios, debe cumplirse a la lo largo de toda la vida asociada con el mundo del trabajo. Cualquier propuesta o reforma educativa debe sustentarse en estos criterios, teniendo al estudiante como centro y destinatario del proceso enseñanza-aprendizaje, en un ambiente de libertad jamás dogmático, lo que a su vez demanda un maestro bien capacitado y de buena conducta, que oriente y guíe ese proceso formativo. Sócrates, el inmenso filósofo griego, nos enseñó que “para llegar a la isla de la sabiduría hay que atravesar un océano de aprendizajes”.
“La Unesco se propuso a finales del siglo XX emprender en un desafío que denominó Educación a lo largo de toda la vida. Para ello convocó a foros en todos los continentes”.