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Los aplausos fueron las mejores propinas
La actividad no era para nada fácil. Había que llegar primero a la meta, luego de descender 126 escalinatas del cerro Santa Ana, sin derramar ni una sola gota del vaso, y sin voltear las botellas que llevaban en la bandeja.

La actividad no era para nada fácil. Había que llegar primero a la meta, luego de descender 126 escalinatas del cerro Santa Ana, sin derramar ni una sola gota del vaso, y sin voltear las botellas que llevaban en la bandeja.
Y la cosa sería más complicada, ya que los participantes en este maratón de meseros se encontrarían con varios obstáculos, que los obligarían a demostrar mayor destreza al bajar corriendo aquellos estrechos escalones, íconos del turismo guayaquileño.
Los concursantes, hombres y mujeres, se presentaron en el lugar a las 09:00. Allí, cada uno recibió el ‘menaje’, que estaba compuesto por una servilleta, una botella de agua, dos de gaseosas y un jugo en cartón, esto en el caso de los meseros amateurs. A los profesionales se les añadió un vaso con agua.
La esencia de la competencia era clarísima: ¡No se podía mojar la servilleta! ¡Tampoco dejar caer las botellas!
Uno de los que lograron el propósito y por ende se colgó la medalla de vencedor fue Ángel Cando. El premio por semejante hazaña atlética fue una estadía en un hotel de lujo, más otros obsequios otorgados por los auspiciantes.
No obstante, la mejor propina que recibió fue la ovación del público que lo incentivó durante toda la jornada.
Cando tiene 40 años y lleva 20 desempeñando el oficio de mesero en prestigiosos hoteles de la ciudad. Actualmente trabaja en Puerto Santa Ana.
“Un mesero debe tener fortaleza física para cargar varios platos al mismo tiempo, retención y buena memoria para recordar los pedidos de los clientes”, dice este mesero profesional que logró superar a sus contendores, a pesar de que no siempre llevaba la delantera.
Al certamen, que este año llegó a su IV edición, en el marco de las fiestas julianas, llegaron estudiantes de Hotelería y Turismo, y de Gastronomía, de universidades e institutos tecnológicos; así como meseros que laboran en el sector hotelero o tienen una amplia experiencia en este campo.
La carrera, organizada por la Asociación de Profesionales de Turismo y Hotelería (APTH) en conjunto con el Instituto Tecnológico Superior Vicente Rocafuerte, se llenó de muchas personas que aplaudieron el paso de los que, en su momento, les han llevado un plato de arroz con menestra o seco de pollo a sus mesas.
“Corre, corre”, arengaba el público a sus favoritos, aunque algunos dejaran caer las botellas en los escalones. Sin embargo, ni el ruido ni los aplauso pudieron desconcentrar a muchos de los participantes, quienes veloces mostraron su fuerza, habilidad y equilibrio.
Michael Pazmiño, del Tecnológico Vicente Rocafuerte, ganó en la categoría amateur.