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Del amor en tiempos de la tecnologia

Tras lanzar ‘No ficción’, obra que ahonda en una conversación entre dos amantes, el chileno Alberto Fuguet vuelve a las estanterías con ‘Sudor’.

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Tras lanzar ‘No ficción’, obra que ahonda en una conversación entre dos amantes, el chileno Alberto Fuguet vuelve a las estanterías con ‘Sudor’, una novela que profundiza en el ambiente alternativo de la capital chilena, pero que también pone en escena el mundillo literario de este país.

La novela inicia cuando el gran autor del Boom Rafael Restrepo Carvajal visita la Feria del Libro de Santiago para presentar, junto a su hijo Rafa júnior, un libro de fotografías y textos sobre sus amigos famosos.

Durante los cuatro calurosos días de octubre que el poderoso escritor pasa de promoción, Alf (Alfredo) Garzón, editor de un sello de no ficción, se ve obligado a hacerse cargo de Rafa júnior, poeta bohemio, fotógrafo, hemofílico, vulnerable y abiertamente gay.

Es fácil reconocer en los Restrepo a Carlos Fuentes y su hijo Carlos Fuentes Lemus, siguiendo el método común de Fuguet de intercalar la división entre realidad y ficción, obligando a personas reales a convivir con personajes ficticios.

Que Alf sea editor de no ficción y esté pensando escribir un libro autobiográfico titulado ‘Sudor’, no deja de incurrir en el juego metaficcional, pero ‘Sudor’ solo en parte es un libro sobre la literatura y su “mundillo”.

Es cierto que la gracia empática de Fuguet desmonta las estrategias de la fabricación del autor como marca registrada, ridiculiza la cicatería del medio, ajusta cuentas con algunas figuras del Boom y observa con humor la continuidad de las ambiciones en los escritores más jóvenes, citados con nombre y apellido.

Pero el otro territorio del libro, y quizá el más importante, nos adentra en la construcción de la sentimentalidad en tiempos de redes sociales, en el caso de esta obra, relacionada, sobre todo, a la comunidad gay de Santiago y a su ambiente ‘underground’.

En ese sentido, es entrañable la relación entre Alf y varios amigos y parejas, como su compañero de piso Valentín, heterosexual recién separado, y los diferentes roles que asumen en el sexo, aunque con la misma evanescencia ( en ‘Sudor’ están excluidos los personajes femeninos, que, usualmente en las obras del escritor tienden a la caricatura).

Fuguet ha dado un salto notable desde ‘No ficción’, obra que no fue bien recibida por la crítica.

El principal avance de esta novela lo da la riqueza del estilo desordenado del escritor, su sentido del ritmo, más ajustado que nunca, y la invención de una jerga repetitiva y eficaz.

Una introducción en primera persona, rápida, digresiva y sedimentada, como si fuera un diario que se niega a “narrar” convencionalmente y que permite reflexionar sobre qué debe ser una novela en 2016.

Una segunda parte a ratos excesiva y demorada, que incluye conversaciones en WhatsApp, Grindr, correos, alterna caprichosamente la primera y la tercera persona y hace desaparecer las marcas de los diálogos.

Y un breve epílogo que retoma el control y cierra en clave sentimental y que seguro dará gran satisfacción a lectores antiguos y nuevos del escritor chileno, que también es conocido por sus incursiones en el cine y por otras novelas como ‘Aeropuertos’.

Quizá la exhaustividad es el único problema que pueda adjudicársele a ‘Sudor’.

Pues aunque el lector sabe qué se pretende (entre otras cosas, dejar crecer a unos personajes emotivos, transmitir calor, abulia y un deseo que debe reinventarse a cada rato), le hubiera beneficiado cierta contención.

Que la vida del protagonista sea monótona no excusa un excesivo coqueteo con la monotonía como recurso (ya que es una novela de 600 páginas). Sabiéndose en la plenitud de su escritura, Fuguet se ha arriesgado a poner en guardia al lector, por momentos, y el resultado demuestra que no ha errado el tiro.

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