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Diario Expreso Ecuador

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Por que el ajuste fiscal

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El mes pasado el Gobierno tuvo un déficit de $400 millones, y la posición proyectada de la caja fiscal no es sustentable. Se está llegando rápido al punto de colmar la paciencia de los contribuyentes mientras continuamos a la deriva. La economía, lo reiteramos, no aguanta un sector público consolidado que copa el 40 % del PIB. A partir de los $25.000 millones, todo gasto presupuestario adicional carece, en las circunstancias actuales, de sustentos sólidos y predecibles, más aún cuando está agotada la capacidad de endeudamiento.

La reducción del gasto equivale a devolverle dinero mal empleado a la economía. Son recursos escasos que deben ser utilizados por los agentes económicos, con efectos positivos sobre el bienestar social.

No se trata de un ejercicio abstracto pues es inadmisible que, mientras los ecuatorianos no vinculados al Gobierno pasan penurias, los ejemplos de desperdicio y malgasto siguen siendo la marca de la alta burocracia. No se justifica, por ejemplo, gastar fortunas para que la canciller use el avión presidencial promocionando su figura como candidata a presidir la Asamblea de las Naciones Unidas. Es inaceptable que cada asambleísta tenga beneficios e ingresos que no existen ni en los países desarrollados. Hay, según análisis que merecen toda credibilidad, una cúpula de burócratas ejerciendo ministerios, subsecretarías, direcciones, gerencias y asesorías, incluyendo enteras familias extendidas de los allegados al Gobierno, que absorben anualmente en remuneraciones el equivalente a los ingresos captados por los antitécnicos tributos a la salida de capitales y a los consumos selectivos. Los asesores constituyen una pléyade de servidores en todos los ámbitos gubernamentales, pero se desconoce cuál es el valor agregado de los servicios que prestan. Existe, finalmente, tal grado de desorden en la asignación de prioridades y distribución del gasto, que sectores como el de la defensa están, como hemos podido constatar, desatendidos, mientras se atienden gastos superfluos.

El Gobierno debe, luego de este ya largo hiato, actuar con sentido de dirección. La economía no está en recuperación, ni se recuperará mientras las autoridades continúen deambulando entre indecisiones y compromisos políticos. Es, debemos sentenciarlo, una fórmula que termina en el fracaso.

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