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Diario Expreso Ecuador

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Ser y parecer

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Corren tiempos preelectorales y con ellos rostros nuevos y conocidos que se perfilan desde ya para dirigir las 221 alcaldías que existen en el territorio nacional.

En esta etapa, los ecuatorianos comienzan a delinear un boceto de sus candidatos, que se sustenta en la imagen pública y privada, logros, experiencia y capacidad para concretar sus ofrecimientos. Solo aquellos que llenen las expectativas ciudadanas podrán ser considerados a la hora de elegir a quienes dirigirán los destinos de la sociedad.

Por eso es importante que quienes decidan participar en la lid electoral tengan un currículo intachable en todos los aspectos. En estas épocas de globalización, de nada sirve insistir en la división entre la trayectoria política y la vida personal, ya que la una depende de la otra. Por eso llama la atención que algunos de los que quieren postularse a distintas dignidades no hayan declarado el pago de sus impuestos, como lo ha publicado diario Expreso.

Esta situación no puede -ni debe- ser recurrente entre quienes pretenden ser funcionarios públicos, ya que de entrada daría la impresión de que no existe transparencia en el manejo de sus finanzas, por lo que será muy difícil que, una vez en el cargo, exijan a sus mandantes el cumplimiento de sus ejercicios tributarios.

Ellos son los llamados a poner el ejemplo y a demostrar su respeto por las leyes de la República, ya que de otra manera su gestión se verá empañada por el halo de la duda. La autoridad moral debe primar en cualquier ámbito del Estado para que las cosas funcionen. Pero más allá del ejercicio de las leyes, existe un parámetro igual de importante y es la ética con la que debe manejarse un Estado, porque no solo se debe ser honesto, sino también parecerlo.

Y en este punto se hace necesario reflexionar sobre el mal comportamiento de algunos funcionarios que en los últimos tiempos se han visto salpicados por escándalos y sobornos de empresas multinacionales y que han escondido dinero en los llamados paraísos fiscales.

No es saludable para ninguna democracia tener servidores públicos que oculten el cumplimiento de sus obligaciones, ya que deberían ser los primeros en justificar su patrimonio.

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