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La actividad pesquera esta con el viento en contra
Las secuelas del fenómeno de El Niño, el terremoto de abril, la piratería, la escasez de oferta de peces en corrientes ecuatorianas, son los factores que ponen complicado el panorama para la pesca artesanal del Ecuador.

Las secuelas del fenómeno de El Niño, el terremoto de abril, la piratería, la escasez de oferta de peces en corrientes ecuatorianas, son los factores que ponen complicado el panorama para la pesca artesanal del Ecuador.
Está tan desfavorecido el negocio pesquero que la flota de Anconcito (Santa Elena) en su mayoría se encuentra anclada.
Rosa Bravo, comerciante del sector, asegura que en la última temporada del pez dorado del 2015 terminó con una pérdida de alrededor de 150.000 dólares. Es un juego de azar con el mar, “esperas entre 50.000 y 60.000 libras y terminas con 10.000 o 15.000 libras. Pescamos en pérdida y así comenzamos a endeudarnos”.
Las corrientes de la costa ecuatoriana están con una tendencia general a la infertilidad desde 2012, lo que condiciona al pescador a acrecentar las millas a recorrer en busca de aprovechar las faenas.
Richard Reyes narra con un tono anacrónico cómo entre 2008 y 2011 salían a 40 o 50 millas y ahora deben movilizarse hacia las 120 o 200 millas hacia el sur.
Cada vez más hay que invertir en equipar las embarcaciones con doble motor, para que así logren llegar a donde se encuentran los cardúmenes, con el riesgo de sufrir robos en altamar: del motor, de la pesca e incluso de las baterías.
“Invertimos 2.000 dólares para equipar siete u ocho lanchas y no nos dio resultado, pues las aguas no favorecían la pesca. Recuperamos apenas 500 o 600 dólares. Nosotros aquí vivimos de la pesca, yo tengo más de 20 años dedicándome a esto. Salimos porque existe un compromiso con nuestras familias. Tenemos bocas que alimentar y cuentas que pagar”, indica.
A pesar de las adversidades, no todo tiene una perspectiva negativa, pues a una semana del inicio de la veda del dorado se espera que a su fin, en octubre, aumente la cantidad de animales y que estos tengan mayores tallas. “Es sumamente importante la veda ahora. Antes había cantidad y no tamaño. Ahora es al revés”, señala Marcos Pinoargote, de la misma zona. Tanto él como sus compañeros de oficio ven con simpatía las vedas, puesto que están teniendo efecto. Por ejemplo, “con el dorado y la sardina podemos ver en altamar que vienen con una o dos tallas más”.
Los moradores del pueblo pesquero recuerdan con melancolía la sensación de euforia que vivían antes, cuando contaban los días para que acabe la veda, mientras que ahora “es un día más para nosotros”.
Los habitantes de puertos pesqueros se dedican a las líneas de frío: pez espada, atún, tiburón, pez vela, gacho, picudo blanco, albacora y escolar. De hecho, un dueño de una flota asegura que a pesar de haber bajado densidades de pesca, la gente está enraizada en su tierra. Él tiene dos embarcaciones dedicadas a la captura del camarón marino.