Obra. Es un lienzo como homenaje para los tres compañeros fallecidos.

Los 365 dias de su ausencia

Negociación. Ricardo Rivas, hermano de uno de los asesinados, dice que hay que analizar lo que el periodista Javier Ortega dice en el vídeo. Asegura que el Gobierno ya negociaba desde enero de 2018.

En el corazón de Cristian Segarra aún existe la esperanza de que Efraín, su padre, va a volver; Galo Ortega ha dejado de leer el periódico para no recordar los reportajes que escribía su hijo Javier; y Ricardo Rivas exalta hoy la labor de su hermano Paúl: él era -dice- el pintor de la luz. En la semana en la que se cumple un año del secuestro del equipo periodístico de El Comercio, en Mataje (San Lorenzo, Esmeraldas), EXPRESO reunió a los tres familiares de las víctimas para conocer cómo viven los 365 días de su ausencia.

Pero este, el primer aniversario de su partida, los tomó con fuerza después de que un vídeo, que sería la primera prueba de vida de Javier, Efraín y Paúl durante el secuestro, se difundiera en la web el pasado 26 de marzo.

“Cuando lo vi, reprodujo en mí el sentimiento que he tenido en este último año, el hecho de creer que no están muertos... como si fuera el primer día”, confiesa Cristian Segarra. Dice que su vida ha estado en pausa desde que su papá se fue a trabajar y no regresó.

Ese vídeo, en el que Javier asegura que los tres están bien y que solo esperan una “negociación” para poder salir sanos y salvos, les fue mostrado a los familiares, cuenta Ricardo, el 29 de marzo de 2018. Un día después de que se anunciara su falsa liberación. ¿Por qué? Quizás para mantenerlos calmados. Y lo consiguieron tras escucharlos y verlos bien. “Nos dijeron que en ese momento les llegaba. Hoy sabemos que nos ocultaron cuatro días esa grabación”, lamenta el hermano del fotoperiodista asesinado.

Don Galito no lo recuerda porque dice, con tal sinceridad, que no logra retener mucha información. Eso sí, recuerda claramente del segundo vídeo (prueba de vida), en el que los tres aparecen demacrados, encadenados... Mal. Desde entonces, desde que supo que su hijo había sido plagiado por el Frente Oliver Sinisterra, liderado por el narcoterrorista Walter Arízala, alias Guacho, nunca pudo recobrar la tranquilidad. Como hasta ahora.

En algo coinciden los deudos. En que las autoridades les mintieron. Que “no hubo coordinación” con Colombia. Que los operativos en la frontera continuaron aún cuando Javier, Efraín y Paúl corrían peligro. Y que no tienen ninguna explicación de la supuesta liberación.

“Yo me acuerdo cuando el presidente (Lenín Moreno) nos dijo, en la única reunión que tuvimos, el 10 de abril, que iba a agotar los esfuerzos necesarios y los iba a traer con vida”, señala Ricardo Rivas. Falso. Al parecer, en esa fecha, los tres compañeros ya estaban muertos. Y, comenta, quizás las autoridades ya lo sabían porque, según la investigación que está en el libro ‘Rehenes’, los tres fueron asesinados el 7 de abril.

Desde ese momento, para don Galo ha sido como recibir “paliza tras paliza”. Han sido golpes que ha debido enfrentar mientras estaba en las vigilias, cuando cayó enfermo... Pero no decae. “Yo me siento muy orgulloso de mi hijo, y ahora mucho más. Además, hemos conseguido, de las tres familias, hacerla una sola”. [Se refiere a Cristian y Ricardo]. Un año de ausencia. “Mi hijo me hace mucha falta. Él nos colaboraba económicamente; estaba preocupado por mí, por su madre y hermanos. Todo eso nos hace falta”, apostilla aquel hombre bajito, con lentes, que mira la foto de su Javier y se quiebra. Llora. Se repone. Y continúa.

Cristian Segarra, por su parte, asegura que este hecho, que conmocionó a todo un país y una región, fue, sobre todo, duro para él. No solo perdió a su padre, sino también a un amigo y a un compañero.

La forma en cómo partieron extiende el sufrimiento, revela. Y aunque no se confiesa valiente, ha recibido apoyo de mucha gente que lo impulsa a seguir adelante para conocer la verdad sobre la muerte de su padre, quien era conductor del diario. Ahora reprocha la “falta de voluntad” del Gobierno para recuperar a los tres y porque “ocultaron todo lo que no pudieron hacer”.

Para Rivas, recordar a su hermano Paúl ha sido entender la magia de sus fotos. A conocer detalles. Hay miles que son inéditas. Nadie las ha visto. Pero reconoce que “hace falta que muera el artista para que sus obras sean valoradas”.

Hoy sabe que su obra trascendió. Que en ellas vivirá por siempre. ¿A qué costo?, se pregunta. No hay respuesta. Los tres colegas se llevaron las respuestas que tanto anhelan conocer sus familiares y el país entero. En San Lorenzo, frontera con Colombia, todavía hay tensión. Y la gente en la calle no ha dejado, así como sus familiares, de pensar en Javier, Efraín y Paúl, los tres que siempre nos faltarán.

Un lienzo con sus rostros

En la semana en la que se recuerda el secuestro de los comunicadores de El Comercio se han realizado vigilias. En la última, en la Plaza Grande, estuvo Hipólito Hidalgo. Un colombiano que viajó 12 días a pie desde Antioquia para entregar un lienzo con la imagen de Javier, Efraín y Paúl, tal como la mayoría los recordamos: sonrientes, cumpliendo con su trabajo... pero hay un detalle. En este óleo están riendo desde el cielo, sobre unas manos tricolor de las que brota un bello girasol. Hipólito lo hizo porque él ha sido desplazado de la guerra. Se ha sentido identificado. Cristian Segarra, hijo de Efraín, conoció la historia y quedó asombrado de saber que gente como esta ha llegado, como ha podido, para brindarles su apoyo. El cuadro se quedará en Ecuador; pronto Hipólito volverá tras encontrar la manera de ganar dinero.