ingenieros en alerta
Quito y el riesgo sísmico: qué pasaría con sus edificios tras un terremoto como el de Venezuela
El Municipio no tiene cifras para dimensionar cuántas edificaciones podrían colapsar, como pasó en Venezuela; expertos piden trabajar en reforzamientos

No hay zona de la capital que no esté amenazada, por la falla de Quito y por malas estructuras.
Lo que debes saber:
- Terremotos en Venezuela colapsan 800 edificios; expertos alertan riesgo similar en Quito por construcciones irregulares.
- Quito sobre falla geológica: ingenieros advierten colapsos por mala calidad estructural y falta de controles en obra.
- Municipio sin datos de riesgo sísmico; expertos piden reforzar viviendas y mejorar normas de construcción en Quito.
Los recientes terremotos en Venezuela dejaron más de 800 edificios colapsados. Según reportes citados por la BBC, una de las causas fueron las construcciones irregulares. El antecedente preocupa a especialistas en Ecuador. Quito está asentado sobre la falla geológica que lleva su nombre, y expertos en ingeniería y vulcanología advierten que lo ocurrido en países vecinos es una alerta.
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“Todo lo que no se invierte al construir edificios y viviendas se convierte en vulnerabilidad, que aflora con un fiscalizador implacable: el terremoto”, alerta el geofísico Hugo Yepes. En su explicación, el sismo “delata” fallas: mezclas deficientes de hormigón, acero o varillas inadecuadas, que pueden derivar en colapsos y tragedias.
Yepes cita al geofísico Roger Bilham, quien ha advertido que los edificios mal construidos en zonas sísmicas son “armas de destrucción masiva”. Pide ver lo ocurrido en La Guaira.
Amenaza, vulnerabilidad y exposición en la capital versus lo que pasó en Venezuela
José Salvador, ingeniero de la Entidad Colaboradora de Proyectos (ECP) del Colegio de Arquitectos de Pichincha, recuerda que Quito vive bajo una amenaza permanente.
La ciudad, dice, comparte características geológicas con zonas afectadas en Venezuela y podría enfrentar un terremoto destructivo, pese a los periodos de aparente silencio sísmico. Subraya que los desastres no dependen solo de la naturaleza, sino también de la calidad de las construcciones. La vulnerabilidad y la exposición son determinantes.
Francisco del Salto, director metropolitano de Gestión Territorial, reconoce que no existe un estudio sobre edificaciones que podrían sufrir daños graves, moderados o leves ante un sismo. Añade que la ciudad ha resistido a eventos importantes en el pasado, pero admite que hay edificaciones levantadas de manera informal, sobre todo de baja altura.
En Ecuador sí existe una norma de construcción
Desde 2015 rige la Norma Ecuatoriana de la Construcción (NEC). Según Salvador, trae estándares mínimos para evitar el colapso: ante un sismo leve, las edificaciones no deberían presentar daños relevantes, mientras que ante uno severo deberían permitir la evacuación y preservar la vida.
Pero ese enfoque no incorpora el costo de demoler. En países altamente sísmicos como México, Perú, Chile, Japón y Nueva Zelanda, la ley es más exigente, para evitar la demolición.
Esa es la base de la filosofía sismorresistente: invertir más en la calidad estructural para que, tras un sismo fuerte, los daños sean reparables (como ventanas o elementos no estructurales).
Un vacío por el que no se inspecciona durante la construcción
El ingeniero Salvador explica que es obligatorio obtener una licencia de construcción para intervenciones superiores a 40 m2. Los promotores deben presentar ante la ECP los planos arquitectónicos y estructurales, cumplir requisitos y pagar la tasa.
Ve un vacío: la verificación en obra. Hoy los controles se realizan de forma aleatoria y, en muchos casos, cuando la construcción ya ha concluido.
Del Salto sabe que lo óptimo sería inspeccionar antes de iniciar la obra, durante su ejecución y al finalizarla. Pero “implicaría costos adicionales que debería asumir el administrado, podría generar resistencia. No es una decisión local. La creación de nuevos trámites depende de Loeta (Ley de Optimización de Trámites Administrativos), Cootad (Código de Ordenamiento Territorial) y Lotus (Ley de Uso y Gestión del Suelo), que obligarían a eliminar otros procesos”.
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La experiencia de reforzar en La Roldós, contada por el ingeniero Placencia
El ingeniero Patricio Placencia apunta que no es posible afirmar que determinados barrios de Quito tengan edificios seguros o inseguros frente a un sismo.
Depende principalmente de la tipología estructural. Cuenta que él mismo pasó un año buscando un departamento que tuviera suficientes muros de hormigón, característica clave para mejorar el comportamiento estructural.
- En 2019 participó en un proyecto piloto del Colegio de Arquitectos de Pichincha, en el que se reforzaron dos viviendas en La Roldós (iban a ser tres, pero uno de los propietarios desistió), con apoyo de universidades.
- Asegura que esa experiencia evidenció la magnitud del problema para la ciudad y una dificultad: ¿quién asume el costo del reforzamiento estructural? Las viviendas de dos pisos unifamiliares de pórticos son normalmente vulnerables, pues se puede activar la patología de piso blando.
El ingeniero Placencia explica que en el caso de viviendas informales, se cree que son las más vulnerables, al tener sus columnas y vigas con mal hormigón y estribos con ganchos pequeños y poco hierro longitudinal.
“Son de llorar”. Pero no serían las primeras en caerse. Existen viviendas más vulnerables: las de paredes sin confinar y sin armar, solo de ladrillos o bloques, cruzadas en las esquinas, pero sin cadenas ni vigas ni columnas de amarre.
Esas, con un buen sacudón, se desarman completamente. De este tipo peligroso hay en el centro, La Mariscal, San Juan, Las Casas, Manuel Larrea y muchos otros sectores.
Salvador lamenta que constructoras y compradores se preocupen por la estética y los acabados y no pregunten por la seguridad. Dice que en Quito ya se construye con disipadores de energía, por ejemplo.
Urge un plan de rehabilitación y reforzamiento estructural.
Hugo Yepes insiste en que hay que trabajar en un programa de reforzamiento, entre Municipio, propietarios e ingenieros, y quizá ir descontando el costo al ciudadano en los impuestos.