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Diario Expreso Ecuador

ANÁLISIS

El correísmo: la revolución que no encuentra heredero

El problema apareció cuando el poder desapareció. Desde 2017, el correísmo ha atravesado una década marcada por derrotas presidenciales y conflictos internos

El movimiento Revolución Ciudadana tiene a Rafael Correa como máximo líder.

El movimiento Revolución Ciudadana tiene a Rafael Correa como máximo líder.ARCHIVO

Pamela León Andriuoli
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Lo que debes saber

  • El correísmo sigue atrapado en el dilema de convertir la autoridad de una persona en una institución capaz de sobrevivirle.
  • Desde 2017, el correísmo ha atravesado una década marcada por derrotas presidenciales y otras dificultades.
  • el correísmo resolvió el problema de sobrevivir a la pérdida del Estado, pero todavía no termina de resolver sobrevivir después de Correa.

El correísmo ya no gobierna. No tendrá casillero electoral propio para las seccionales. Sus alianzas nacionales permanecen suspendidas a pocos meses de disputarse 11.262 dignidades. Y en Manabí, sus militantes organizaron una rifa para recaudar fondos y pagar una multa electoral de 18.000 dólares. El premio mayor era una motocicleta. También un cerdo.

La escena es llamativa porque retrata una transformación histórica. Durante una década, el correísmo gobernó el país, controló la Asamblea, dominó gran parte de la agenda pública y construyó la primera mayoría legislativa absoluta que conoció el Ecuador desde el retorno a la democracia. Hoy debe competir sin Estado, sin organización electoral propia y sin la capacidad institucional que alguna vez sostuvo su expansión.

El 19 de junio, Gabriela Rivadeneira anunció la suspensión de la alianza nacional que Revolución Ciudadana preparaba para las elecciones seccionales, argumentando una nueva ofensiva contra una organización aliada. Nueve años después de abandonar Carondelet, el correísmo sigue atrapado en el dilema que acompaña a todo liderazgo carismático: convertir la autoridad de una persona en una institución capaz de sobrevivirle.

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Max Weber llamó a este proceso la rutinización del carisma. El peronismo debió aprender a existir después de Perón. El chavismo enfrenta el desafío de existir después de Chávez. El uribismo lleva más de una década intentando definir qué significa ser uribista sin Álvaro Uribe ocupando el centro del poder político colombiano.

La particularidad ecuatoriana radica en la forma en que nació el proyecto. De impronta plebeya y liderazgo personalista, Correa respondió desde sus orígenes a una lógica de populismo delegativo.

Durante los años de gobierno, aquella fórmula fue extraordinariamente eficaz. Los Enlaces Ciudadanos funcionaron simultáneamente como mecanismo de rendición de cuentas, construcción narrativa y reafirmación del vínculo plebiscitario entre liderazgo y ciudadanía.

Rafael Correa sigue teniendo una fuerte influencia en el movimiento Revolución Ciudadana tras su salida del poder en 2017.

Rafael Correa sigue teniendo una fuerte influencia en el movimiento Revolución Ciudadana tras su salida del poder en 2017.Archivo Expreso

De las derrotas presidenciales a la crisis de liderazgo político

El problema apareció cuando el poder desapareció. Desde 2017, el correísmo ha atravesado una década marcada por derrotas presidenciales, migraciones de plataforma electoral, dificultades para obtener reconocimiento jurídico propio y conflictos internos cada vez más visibles. Perdió la Presidencia con Andrés Arauz en 2021. Volvió a perder con Luisa González en 2023 y nuevamente en 2025. Ninguno de esos procesos produjo un relevo capaz de sustituir la centralidad política de Correa. Ningún caso ilustra mejor esa dificultad sucesoria que el de Marcela Aguiñaga.

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Durante años representó una de las figuras con mayor capacidad para encarnar una etapa posterior al liderazgo fundacional. Había sido ministra, asambleísta, dirigente nacional y posteriormente prefecta del Guayas. Precisamente por eso, su distanciamiento fracturó ese relato de unidad disciplinada.

Sin embargo, interpretar este proceso exclusivamente como una crisis de descomposición también sería un error analítico.

Si el correísmo dependiera únicamente del acceso al Estado, probablemente habría desaparecido hace años. No ocurrió.

El voto duro del correísmo y su peso en las elecciones seccionales

En 2023 conquistó nueve Prefecturas, incluidas Guayas, Pichincha, Azuay y Manabí. Ganó las alcaldías de Quito y Guayaquil, rompiendo en esta última ciudad tres décadas de hegemonía socialcristiana. Continúa siendo la principal fuerza opositora del país. Conserva un voto duro estable. Mantiene capacidad de movilización territorial y sigue llegando a segundas vueltas presidenciales.

La persistencia de esos resultados obliga a matizar cualquier diagnóstico simplista.

El correísmo contiene elementos de movimiento político. Ninguna organización sobrevive casi una década fuera del poder nacional.

Luisa González ha sido dos veces candidata presidencial de la Revolución Ciudadana, pero ha perdido en las segundas vueltas con Daniel Noboa.

Luisa González ha sido dos veces candidata presidencial de la Revolución Ciudadana, pero ha perdido en las segundas vueltas con Daniel Noboa.ARCHIVO.

También contiene elementos de franquicia política. Buena parte de sus conflictos recientes no han girado alrededor de desacuerdos ideológicos. Las abstenciones legislativas, las renuncias de asambleístas y las tensiones internas reflejan una organización donde el peso de las personas continúa siendo mayor que el de las corrientes doctrinarias. No porque los conflictos sean excepcionales (toda oposición relevante los experimenta), sino porque siguen resolviéndose bajo la sombra de una autoridad política cuya capacidad de arbitraje continúa siendo decisiva.

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Esa misma dependencia del liderazgo explica que el correísmo conserve también rasgos de nostalgia de Estado.

Este fin de semana, Revolución Ciudadana celebrará sus primarias para las elecciones seccionales. Escogerá candidatos, pero políticamente pondrá a prueba su capacidad para producir liderazgos con autoridad propia.

Nueve años después de abandonar el Gobierno Nacional, el correísmo resolvió el problema que destruye a muchas organizaciones latinoamericanas: sobrevivir a la pérdida del Estado.

Lo que todavía no termina de resolver es algo más complejo. Sobrevivir luego de Rafael Correa.

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