La honestidad
La falta de honestidad y la corrupción afectan a la política y a la sociedad en Ecuador, por eso deben volver a primar la dignidad y la ética

La honorabilidad ha dejado de ser una virtud o un referente a seguir, abundan pillos que hablan de honestidad para que otros pillos no les hagan competencia.
La honestidad es fundamental. Una persona honesta genera confianza en la amistad, en el trabajo; es sincera, recíproca, responsable, leal. El deshonesto es mentiroso, no conoce la gratitud, busca sacar provecho de lo que dice y hace. A las personas hay que conocerlas por sus actos y no por lo que dicen. En la actualidad prevalece el tener sobre el ser, se vive de apariencias; la honorabilidad ha dejado de ser una virtud o un referente a seguir, abundan pillos que hablan de honestidad para que otros pillos no les hagan competencia. Hay que evitar relaciones con pícaros generosos que usan la lisonja para agradar.
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Lo hecho honestamente siempre será beneficioso para todos, lo deshonesto siempre causará perjuicios. El escritor argentino Ernesto Sábato afirmaba: “en la honestidad se resumen todas las virtudes humanas”; es una gran verdad. El que obra honestamente entrega un aporte a su familia, a la sociedad; quienes proceden incorrectamente se benefician del esfuerzo ajeno y su aporte es nulo. Afortunadamente la gran mayoría obra de buena fe.
Ser implacables con la corrupción
El Ecuador sufre una elevada descomposición moral, sobre todo en la política; eso explica la negativa de personas honorables, decentes, a vincularse a esa actividad o a aceptar cargos públicos. La corrupción ha contaminado amplios sectores sociales, judiciales, gremiales, empresariales, profesionales, académicos. Es legítimo que existan ideologías o creencias diferentes, lo que no es legítimo es defender la corrupción que cometen copartidarios o amigos que se enriquecen ilícitamente con fondos públicos. Aceptarlo es ser cómplices o encubridores del robo a todos. Los ecuatorianos se alegran cuando resplandece la justicia y se sanciona a pillos que causan grave daño al país.
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Nada realiza más en la vida que vivir digna y honorablemente. El tiempo y la conciencia, supremos jueces de nuestros actos nos, dirán si hemos actuado bien o mal, si hemos perjudicado a otros. Sin honestidad nada tiene valor, se debe ser implacables con la corrupción que causa tanto daño al país. Hay que poner de moda los principios de nuestros antepasados: “no mentir, no robar, no ser ociosos”.