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Diario Expreso Ecuador

Guayaquil en riesgo

Ante el fenómeno de El Niño y sismos latentes, Guayaquil requiere planes de prevención y voluntad política para minimizar el impacto

La ubicación geográfica de la ciudad, su altitud, calidad de suelo y precariedad de las edificaciones son factores que la vuelven frágil ante los embates de eventos naturales.

La ubicación geográfica de la ciudad, su altitud, calidad de suelo y precariedad de las edificaciones son factores que la vuelven frágil ante los embates de eventos naturales.Archivo Expreso

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En la obra Guayaquil. Novela fantástica (1901), Manuel Gallegos Naranjo describía la situación sanitaria de la ciudad y las consecuencias que esta acarreaba: “…la ciudad, sin canalización y consiguientemente sin desagües, con focos de inmundicias en las calles, aguas pútridas en los patios de las casas, basuras, desperdicios y otras porquerías arrojadas por la noche en las playas concheras del río, presentaba un aspecto triste y daba lugar a la aparición y desarrollo de epidemias alarmantes”. A pesar de haber transcurrido más de un siglo, poco ha cambiado para muchos sectores de Guayaquil.

La ubicación geográfica de la ciudad, su altitud, calidad de suelo y precariedad de las edificaciones son factores que la vuelven frágil ante los embates de eventos naturales. Ha sido así a lo largo de su historia, cuando se ha visto afectada y, muchas veces destruida, por sismos, incendios, inundaciones y epidemias. Hay un riesgo latente, sin embargo, la afectación va a depender de la magnitud del desastre y del grado de prevención a través de planes nacionales y locales, de la preparación y participación de la población, además de la capacidad de resistencia que una sociedad posea ante su ocurrencia.

Voluntad política y planificación 

¿A qué riesgos nos podemos enfrentar? El primero, a la ocurrencia de un evento sísmico de magnitud y a la destrucción que este acarrearía en la infraestructura de la ciudad y en la población; el segundo, y casi inminente, a los efectos que un fenómeno de El Niño sin precendente, que se presente en las próximas semanas y que podría traer lluvias torrenciales y anormalmente altas con inundaciones, destrucción de viviendas e infraestructura, contaminación de las fuentes de agua, además de epidemias, como ya sucedió en eventos anteriores, particularmente en 1982-83 y en 1997-98.

Si siglos atrás los sucesos naturales catastróficos generaban en los habitantes una suerte de fatalismo resignado, sentimiento de indefensión e impotencia ante el embate de una naturaleza incomprendida e incapaz de ser dominada, hoy, con voluntad política y planificación es posible minimizar los efectos de estos eventos.

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