Permanencia
La transición del barro al formato digital no garantiza la memoria; sin un archivo preservado, cualquier gobierno puede reescribir la historia a su antojo

Un derecho u obligación sobreviven a las personas porque existe evidencia de ellos. Hoy, la digitalización asemeja memoria con instantaneidad y con permanencia, pero esta última es solo una ficción.
“Imaginemos por un momento que nos encontramos en el año 1776 a.C. Dos habitantes de Mari se disputan la posesión de un campo de trigo. Jacob insiste en que le compró el campo a Esaú hace 30 años.
Esaú replica que, en realidad, él le arrendó el campo a Jacob por un período de 30 años y que ahora, al haberse cumplido el período, intenta reclamarlo. Se gritan, forcejean, se empujan uno a otro hasta que se dan cuenta de que pueden resolver su disputa yendo al archivo real, donde se almacenan las escrituras y recibos de venta que se aplican a todos los bienes raíces del reino. Cuando llegan al archivo los envían de un funcionario a otro. Esperan mientras toman varios tés de hierbas, y se les dice que vuelvan al día siguiente, y al final, a regañadientes, un amanuense los lleva a buscar la tablilla de arcilla relevante. El amanuense abre una puerta y los conduce a una enorme sala cuyas paredes están llenas, desde el suelo al techo, de miles de tablillas de arcilla. No es raro que el amanuense ponga mala cara. ¿Cómo se supone que tiene que localizar la escritura sobre el campo de trigo en disputa, que se escribió hace 30 años? Incluso si la encuentra, ¿cómo podrá contrastarla para asegurarse que desde hace 30 años este es el último documento relacionado con el campo en cuestión? Si no la puede encontrar, ¿acaso se probará que Esaú nunca vendió o arrendó el campo? ¿O solo que el documento se perdió, o se convirtió en barro cuando el agua procedente de la lluvia entró en el archivo?”.
Ciencia y Tecnología
Claude marcará sus textos con una huella invisible: ¿para qué servirá?
Giannella Espinoza
Riesgo de perder la memoria histórica en la era digital
La cita de Harari habla de un problema administrativo, pero detrás aparece uno político: un buen archivo sirve para que el pasado obligue al presente. Un derecho o una obligación sobreviven a las personas porque existe evidencia de ellos. Hoy en día, la digitalización asemeja memoria con instantaneidad y con permanencia, pero ésta última es solo una ficción. Una tablilla puede sobrevivir cuatro mil años abandonada; un archivo digital exige cuidado continuo, en manos de quién sabe quien. Preservar los archivos de una sociedad no es solamente burocracia, tediosa como es: impide que una nueva empresa o un nuevo gobierno pueda comenzar la historia de nuevo.