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Diario Expreso Ecuador

Le llueven roles al maestro

La labor del maestro debe limitarse a su rol educativo, evitando la exigencia de que tenga que asumir roles para los cuales no se preparó profesionalmente

A los docentes en Ecuador se les exigiría ser, además de profesores, psicólogos y policías.

A los docentes en Ecuador se les exigiría ser, además de profesores, psicólogos y policías.Archivo Expreso

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El ejercicio profesional implica, más allá de lo vocacional y el deseo de servir, el aprendizaje firme de la ciencia, que cada quien aprende durante la universidad.

La ciencia da el perfil, la vocación inspira el alma y, el deseo de servir, nos lleva a la actualización, al trabajo amable y al hacer cotidiano.

Es cierto que el terreno que pisa el profesional de la educación se fundamenta en el conocimiento, que lo determina en esos claros límites de lo que sabe y ejerce.

No es dado pedirle a un ingeniero que atienda un problema cardiaco, ni a un abogado que resuelva para otros una función cuadrática. Sin embargo, parecería que el criterio popular asume, que el docente puede atender distintos frentes, incluso aquellos que no conoce ni estudió.

Ni psicólogos ni policías

Así, con el avance de la tecnología, le pedimos al profesor que sea experto en ciberseguridad; el desmedido amor por la naturaleza lo requiere sabio en asuntos ambientales.

La inseguridad y la violencia lo reclaman como mediador en conflictos, y, ante asuntos de movilidad, se le exige ser tutor en educación vial. Total, la clase aguanta todo.

Por si fuera poco, la angustia y ansiedad de ciertos padres, más el facilismo ignaro, sobre el impacto de disposiciones dadas por autoridad, que llegan al aula, lo obligan a atender casos en que, a ratos, debe asumir otras condiciones profesionales, como la de psicólogo clínico o educativo, la de psiquiatra, neurólogo, psicoterapeuta, sexólogo, consejero familiar, mediador, confesor o experto financiero, entre otras tantas para las que nunca se profesionalizó.

La clase no es un receptáculo de todos los problemas, pues, de serlo, poco o nada se podría hacer para atender adecuadamente los requerimientos personales y necesidades específicas de cada estudiante.

El mismo respeto a ese niño o adolescente debe obligarnos a pensar en brindarle lo mejor para progresar y avanzar desde su realidad, pero con las personas adecuadas y en los espacios adecuados.

La escuela regular no está lista para atender todo tipo de demandas especiales.

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