El hantavirus que preocupa
El hantavirus podría estar, en días, en cualquier aeropuerto del mundo: si el foco está en Sudamérica, la preocupación para Ecuador es todavía mayor

No hay que esperar a que el hantavirus cruce la frontera para empezar a reaccionar; Ecuador no puede darse el lujo de repetir errores.
La alarma que ha despertado en una parte de la población ecuatoriana el brote de hantavirus detectado en un crucero que zarpó de Argentina con destino a Europa no es exagerada ni producto del miedo infundado. La experiencia reciente con el covid-19 enseñó que las enfermedades infecciosas ya no respetan fronteras, distancias ni calendarios. Lo que comienza en un punto del mapa puede estar, en cuestión de días, en cualquier aeropuerto del planeta. Y si esta vez el foco se encuentra en Sudamérica, la preocupación para Ecuador es todavía mayor.
No se trata de una hipótesis remota. Chile, país donde se presume ocurrió el contagio inicial, ha confirmado 39 casos de hantavirus de la cepa conocida como virus Andes, con 13 fallecidos. Argentina, desde donde partió la embarcación, reportó 42 casos en lo que va de este año y otros 101 durante 2025. Con ese panorama epidemiológico, pensar que la enfermedad podría llegar al Ecuador no es alarmismo, sino simple sentido común.
Internacional
Últimos evacuados: los 22 pasajeros del crucero del hantavirus dejarán España en un solo avión
Agencia AFP
Basta un pasajero infectado, aún sin síntomas, para introducir el virus por vía aérea o terrestre. Esa es precisamente una de las mayores amenazas: su capacidad de avanzar de forma silenciosa e invisible. Cuando aparecen los síntomas, muchas veces el cuadro ya ha evolucionado con rapidez hacia una insuficiencia respiratoria severa o complicaciones cardíacas que pueden poner en riesgo la vida en pocas horas.
Si no existe tratamiento, urge una prevención planificada
A ello se suma un dato inquietante: no existe todavía un tratamiento específico ni una vacuna de uso generalizado. La atención depende de la detección temprana, del soporte intensivo y de la capacidad hospitalaria para responder con inmediatez. Es decir, el tiempo vale oro, y la improvisación cuesta vidas.
La pregunta que surge entonces es inevitable: ¿están los hospitales ecuatorianos listos para enfrentar una emergencia de esta naturaleza? ¿Tienen los médicos protocolos actualizados, equipos suficientes, capacitación y redes de vigilancia activas para identificar el primer caso y contener posibles contagios?
No hay que esperar a que el hantavirus cruce la frontera para empezar a reaccionar. Las epidemias castigan con dureza a los países que llegan tarde. Ecuador no puede darse el lujo de repetir errores.