Piero, Pacho, Independiente y la selección
El modelo formativo del fútbol ecuatoriano impulsa un talento global, pero falta una estrategia nacional para potenciarlo.

Jugadores de la Selección de Ecuador.
En el año 2023, en esta columna de Diario EXPRESO exponía que el fútbol ecuatoriano en particular, y el deporte en general, podían ser para nosotros lo que la gastronomía fue para el Perú: un motor de desarrollo, un símbolo exportable y una política pública transversal.
Independiente del Valle lidera formación de talento ecuatoriano
Lo decía entonces a propósito de lo que ha significado el proceso de formación de Independiente del Valle.
Y el pasado sábado, cuando Willian Pacho ganó su segunda Champions League, enfrentando de forma histórica en la final al equipo donde jugaba otro ecuatoriano, Piero Hincapié, insistía en esta hipótesis.
Hoy, con al menos doce jugadores formados por ese mismo club convocados a la selección mayor para disputar el mundial de este 2026, al que Ecuador llega con mucho interés de otros seleccionados, la pregunta ya no es si el modelo funciona, sino por qué seguimos sin aprovecharlo.
Hay que analizar en detalle ese proceso pues evidentemente es el resultado de una metodología acertada y de una apuesta sostenida por la formación de base. También de entender que el desarrollo deportivo tiene más de ciencia, de biología y de aptitudes físicas, que de suerte.
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Otros clubes caminan en el país en la misma dirección: Universidad Católica, que lleva años apostando por sus inferiores con seriedad y responsabilidad social.
También formándolos con educación y valores; Orense, que ha demostrado que la provincia no es un obstáculo para formar jugadores de nivel; o Liga Deportiva Universitaria, que ha tenido períodos de notable trabajo formativo.
Procesos distintos y geografías distintas, pero que tienen resultados ejemplares.
Falta una estrategia nacional para potenciar el modelo
Quizás lo que falta es que nos sentemos a pensar en conjunto y se determine un común denominador que articule a los mejores proyectos.
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El biotipo del jugador ecuatoriano, su potencia física, su capacidad de adaptación a mercados europeos exigentes, ya tiene demostración empírica suficiente.
Falta ponerse de acuerdo en una identidad de juego que sea reconocible, enseñable y exportable desde las categorías menores.
Un estilo que funcione en Quito, en Sangolquí, pase por Guayaquil, llegue a Ibarra y termine siendo el mismo en París o Londres.
Gastón Acurio no convirtió a la gastronomía peruana en orgullo global cocinando solo. Lo hizo porque logró que toda una cadena de actores (chefs, productores, escuelas, gobierno) entendieran que había un proyecto común más grande. El fútbol ecuatoriano tiene hoy la vitrina, los jugadores y el ejemplo.
Nuestro país ha sabido aprovechar las coyunturas del desarrollo de este deporte como industria, donde la potencia física y biotipo del jugador es altamente valorado en mercados maduros como los europeos, como hace casi tres décadas lo identificó una persona que llegó al Ecuador para imponer una metodología no solamente deportiva, sino científica. Me refiero a Dussan Drascovic.
¿Somos capaces de creerlo y potenciarlo? Creo que sí. Y además, debemos hacerlo con el atletismo y las pesas, donde también tenemos ventajas comparativas en nuestro país. El Ecuador es hoy una potencia deportiva global.