Ciudad feliz
En pocos años 70% de los ecuatorianos vivirá en grandes ciudades, pero el revanchismo electoral y el boicot político destruyen planes clave de desarrollo urbano

Innumerables planes bien logrados para Quito, como Visión 2040, Estrategia de Resiliencia o Banco de Proyectos fueron archivados porque reconocer méritos anteriores es un mal negocio electoral.
Enrique Peñalosa, exalcalde de Bogotá, sostiene que la felicidad es lo único que realmente importa y que las ciudades son indispensables para alcanzarlo. Al fin de cuentas, las personas no solamente viven en las ciudades, sino que están condicionadas por ellas. Un entorno ruidoso, contaminado, pensado exclusivamente en el automóvil, producirá un entorno agresivo y desconectado; por el contrario, espacios públicos de calidad generarán bienestar y un tejido social sólido.
El impacto positivo que tiene un buen diseño urbano no es una teoría novedosa. Ejemplos de éxito abundan: Alcobendas tiene más empresas domiciliadas y plazas de trabajo que habitantes; Curitiba va cuatro décadas siendo ejemplo con su sistema de transporte sostenible; Bogotá y Medellín devolvieron dignidad a los barrios más pobres y violentos; o, Bilbao, que derrotó al terrorismo con un plan que partió de la democratización de espacios, con un metro y un museo que son envidia de todo el mundo.
El canibalismo político se impone sobre el bien común
Entonces, si los beneficios son tan claros, ¿por qué no se los aplica aquí? Por canibalismo político. Recuerdo que cuando Roque Sevilla dejó la alcaldía, un triste concejal se jactaba de no haber votado ni una vez a favor de sus proyectos. Después, destruyeron el modelo de fundaciones y corporaciones que mejoraba la eficiencia en la provisión de servicios para cambiarlo por uno caótico, corrupto y burocratizado. Otros, encendieron la ira de vecinos a base de mentiras para boicotear los Quito Cables, que hubiesen transformado la movilidad de barrios extremadamente pobres. Innumerables planes bien logrados, como la Visión 2040, la Estrategia de Resiliencia o el Banco de Proyectos fueron archivados porque reconocer méritos anteriores es un mal negocio electoral.
En pocos años, el 70 % de ecuatorianos habitará en grandes urbes. Serán más de veinte millones. ¿Cómo vamos a proveer de agua, saneamiento, alimentos y condiciones esenciales sin un enfoque compartido de hacia dónde debemos avanzar? Es hora de que los planes de ciudad sean de los ciudadanos y que los políticos estén obligados a continuarlos. El futuro es demasiado importante como para dejárselo en sus manos.