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Diario Expreso Ecuador

La trampa de Tucídides

Las civilizaciones muchas veces colapsan cuando el miedo las convence a renunciar poco a poco a los principios que les dieron prosperidad, dinamismo y libertad

La rivalidad entre China y Estados Unidos ya no es simplemente comercial o diplomática. Se trata de la tensión clásica entre una potencia dominante y otra emergente.

La rivalidad entre China y Estados Unidos ya no es simplemente comercial o diplomática. Se trata de la tensión clásica entre una potencia dominante y otra emergente.Archivo Expreso

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En 2012, el politólogo estadounidense Graham T. Allison popularizó en su columna del Financial Times un concepto que desde entonces domina gran parte del análisis geopolítico mundial: La trampa de Tucídides. Basándose en una frase escrita hace más de dos mil cuatrocientos años por el historiador ateniense Tucídides en su Historia de la guerra del Peloponeso, Allison recordó aquella conjetura que ha atravesado incólume a través de los siglos: “fue el ascenso de Atenas, y el temor que esta infundió en Esparta, lo que hizo inevitable la guerra”.

La tesis, aunque inquietante, resulta difícil de refutar. Lo mismo ocurre en las relaciones humanas, el mundo animal, en los negocios y en la política. Cuando una potencia emergente desafía a una potencia dominante, el riesgo de conflicto aumenta dramáticamente. Allison incluso dirigiría un estudio en la Universidad de Harvard donde examinaría dieciséis casos históricos similares. En doce de dieciséis casos -el 75 %- el desenlace terminó siendo la guerra.

Atenas representaba en su época de esplendor el comercio, la innovación y el dinamismo de una sociedad abierta. Esparta, ‘ex altera parte’, encarnaba el poder militar establecido y el orden tradicional. El problema no fue únicamente el crecimiento de Atenas, sino el miedo que ese crecimiento despertaría en Esparta. Y pocas fuerzas son más peligrosas en política -y en la vida misma- que el miedo de quienes sienten amenazada su posición.

La potencia mundial dominante frente a la emergente

Por eso resultó tan revelador lo ocurrido esta semana durante la cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump en Pekín. Xi hizo referencia explícita a la “trampa de Tucídides”, dejando claro que la rivalidad entre China y Estados Unidos ya no es simplemente comercial o diplomática. Se trata de la tensión clásica entre una potencia dominante y otra emergente; exactamente el tipo de choque que ha marcado los mayores conflictos de la historia, incluidas las dos guerras mundiales del siglo XX.

Hoy la competencia se libra entre la hegemonía en microchips, inteligencia artificial, rutas marítimas, recursos naturales y esferas de influencia global. Taiwán, Ucrania, Líbano, Gaza y el estrecho de Ormuz se han convertido en lugares donde el mundo parece contener la respiración. Pero la verdadera amenaza no es únicamente China, Rusia, Israel, Irán, Europa o Estados Unidos. La verdadera amenaza es la lógica del miedo. Cuando las naciones comienzan a ver al progreso ajeno como una amenaza existencial, la cooperación transmuta en sospecha y la competencia en hostilidad.

El miedo puede llevar al colapso

Friedrich Hayek advertía en ‘La fatal arrogancia’ de quienes idealizan un poder central capaz de controlar el complejo orden social. Lo mismo ocurre en la geopolítica. Los imperios suelen creer que pueden moldear el destino mediante coerción y fuerza. Sin embargo, la historia demuestra que rara vez las sociedades aceptan indefinidamente a quienes intentan someterlas.

La lección de Tucídides sigue vigente; las civilizaciones no siempre perecen por la fuerza de enemigos externos. Muchas veces colapsan cuando el miedo las convence a renunciar, poco a poco, a los principios que les dieron prosperidad, dinamismo y libertad. Porque el miedo rara vez conquista desde afuera, casi siempre corroe desde adentro.

¡Hasta la próxima!

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