Fijar límites urbanos
Esto trae consecuencias: la primera, el abandono de los cascos centrales y sus alrededores como zonas residenciales.
La necesidad de establecer límites urbanos se origina en el ámbito de lo administrativo. Las municipalidades deben hacerlo para poder planificar la construcción de la infraestructura requerida para proveer a todos sus habitantes de servicios básicos como agua potable, luz, conectividad, alcantarillado y vialidad. Sin embargo, la expansión desordenada e imparable de nuestras ciudades hace que la meta de abastecer con ellos al 100 % de la población sea inalcanzable. La falta de planificación, junto con la falta de mantenimiento, hace que las zonas más antiguas se vayan deteriorando y la ciudadanía se mude a nuevos desarrollos habitacionales ubicados en las periferias. Esto trae dos consecuencias: la primera, el abandono de los cascos centrales y sus alrededores como zonas residenciales, dando paso a una intensa actividad diurna casi exclusivamente comercial, que contrasta con noches desoladas en barrios fantasmas de los que poco a poco se van apropiando la delincuencia, la prostitución y la mendicidad. La segunda: una urbanización incontenible de la ruralidad, con la consecuente afectación ecológica y la contaminación que se genera por la necesidad de movilizarse a través de grandes distancias en urbes cada vez más dispersas.
Fijar límites urbanos, respetarlos y rehabitar los cascos centrales constituyen imperativos para el desarrollo urbano sostenible.