Escenario funesto
La violencia y la inseguridad en el país son las consecuencias de erradas decisiones de gobiernos anteriores.
Las masacres, que se han vuelto cotidianas porque la fuerza pública ha demostrado su incapacidad para evitarlas, alimentan el miedo en la población y su deseo de migrar a tierras lejanas. El sentir de no estar seguro en ningún parte alcanza a todos los estratos de la sociedad, secuestrados por la violencia y la inseguridad, porque no hay autoridad que les ponga freno.
Los grupos criminales aprovechan las debilidades del Gobierno y el despiste de los miembros de la Fuerza Pública, incluso el escenario político y las próximas elecciones, para atacar a sus rivales sin que les importe el espacio ni las víctimas colaterales que puedan dejar con tal de conseguir sus objetivos.
El hecho de que se utilice a mujeres y niños como escudos de protección alimenta el terror ciudadano pero también la exigencia de la sociedad de una protección que debe llegar del Estado a través de sus instituciones y eso incluye a la Función Judicial y a los recién posesionados alcaldes del país.
El actual estado de las cosas, de un escenario funesto que aleja la producción y el turismo, no debe ser aprovechado por los precandidatos para promocionarse como los salvadores de la patria. La violencia y la inseguridad en el país son las consecuencias de erradas decisiones de gobiernos anteriores.