Nuestro juramento
La victoria de Ecuador ante Alemania no solo fue deportiva, sino un momento de unidad nacional que despertó orgullo y esperanza en todo el país

Jugadores de la Selección de Ecuador tras el triunfo contra Alemania.
El fútbol tiene esos instantes que dejan de pertenecer al deporte para convertirse en parte de la historia de un país. La victoria 2-1 de Ecuador sobre Alemania fue uno de ellos.
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Todo comenzó con un golpe temprano; a los dos minutos, Alemania se adelantó en el marcador, pero la selección ecuatoriana no conoce la resignación. Nilson Angulo encendió la esperanza con un gol extraordinario y cuando el partido exigía un milagro para ganar, apareció Gonzalo Plata para marcar una victoria que ya es inolvidable.
Una victoria histórica que trasciende el deporte
Sin embargo, lo más hermoso, luego de esa victoria ocurrió después… Nadie quería irse del estadio; más de cincuenta mil ecuatorianos permanecieron en las gradas vestidos de amarillo, agradeciendo por el resultado. Entonces comenzó a sonar Nuestro Juramento; miles de voces, con lágrimas en los ojos juraban amar al Ecuador hasta la muerte. No era solo la canción inmortal de Julio Jaramillo, era el abrazo de un pueblo que, por unos minutos, dejó atrás sus diferencias para recordar que tiene una sola bandera y un solo corazón.
Los jugadores, de rodillas y con la mirada al cielo, agradecían. Ese gesto conmovió a todo un país: en la tribuna había familias enteras llorando, niños abrazados a sus padres, migrantes que encontraron en esa camiseta amarilla el pedazo de patria que tanto extrañan, los comentaristas deportivos apenas podían contener la emoción, y el estadio ya no estaba en Norteamérica; por unos minutos se había convertido en territorio ecuatoriano.
La Tri despierta unidad y orgullo nacional
En tiempos donde las noticias suelen hablarnos de violencia, incertidumbre y división, la Tri nos regaló un respiro, nos recordó que cuando el Ecuador juega unido, cuando cada uno corre por el otro y cuando un país entero empuja en la misma dirección, somos capaces de derrotar a cualquier gigante.
Porque el verdadero triunfo no fue únicamente vencer a Alemania, el verdadero triunfo fue volver a sentirnos un solo Ecuador, cantando a una sola voz, con el corazón lleno de esperanza y el alma abrazada por Nuestro juramento…
Hasta el final, Tri. Nosotros también hacemos nuestro juramento: apoyarte siempre, en la victoria y en la adversidad. ¡Vamos, Ecuador!