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Diario Expreso Ecuador

Epitafio de mis naves

No escribí para el poder, opiné con datos para hurgar en lo que podíamos hacer usted y yo, porque la democracia es una minga cotidiana por la vida digna

Quemé mis naves y es hora del adiós. Y como la vida va de verbos, quiero Agradecer. Con mayúscula. A mis directores, mis editoras y a usted.

Quemé mis naves y es hora del adiós. Y como la vida va de verbos, quiero Agradecer. Con mayúscula. A mis directores, mis editoras y a usted.Canva

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Desde hace un tiempo padezco algo similar al síndrome de Casandra, el mito griego de la profetisa que veía la realidad, pero fue condenada a que nadie le creyera. Llevo ocho años escribiendo sobre realidades que veo, confirmo y califico. En ese orden. Llamé a mi columna Quemar las naves, en referencia a Alejandro cuando ordenó incendiar las suyas para vencer la tentación de recoger los pasos y tener como única opción la victoria.

Escribí sobre el poder, en todas sus formas, y lo combatí porque quienes lo ostentan, en su mayoría, pervierten su esencia: esa supremacía que los obliga a ser ejemplo de lealtad hacia sus dirigidos. El poder está pervertido y el periodismo surgió para mostrar sus logros, cuando existen, pero sobre todo sus fisuras. Porque para destacar sus bondades él siempre tendrá una legión de cachiporreras, o de pseudoperiodistas con vocación de alfombra.

Lo que puede hacer cada quien por la democracia

Pero no escribí para el poder, opiné con datos para hurgar en lo que podíamos hacer usted, yo, el líder corporativo, la dirigente social o el activista en construir un país con valores democráticos -igualdad de derechos, transparencia pública, compromiso con el otro- porque hacerlo es un acto de defensa propia. La democracia no es apenas un sistema político: es una minga cotidiana por la vida digna. Por eso combatí a quienes la denigran y llamé corrupto, inepta, dictador o indolente a quien los hechos mostraban así, sea de derecha o izquierda; de cuello blanco, charretera, sotana o pedigrí. Y también a quienes creen no serlo. Y lo son. Como esos que piensan que “la corrupción no soy yo”.

Lo hice desde un medio valiente -atacado con saña desde el poder- que entendió que el periodismo sólo sirve si es autónomo al 100 %. No al 70, no al 80, ni siquiera al 99 %.

Quemé mis naves y es hora del adiós. Y como la vida va de verbos, quiero Agradecer. Con mayúscula. A mis directores, mis editoras y a usted. A usted, que lucha. Y también a usted, que sigue creyendo que la farsa que vivimos no le afectará y que su conciencia le perdonará el pecado capital de ser indiferente. A todos les agradezco. Incluso si yo apenas fui una mala copia de Casandra.

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