Terremoto y construcción
Los sismos en Venezuela exponen el peligro de normas de construcción laxas, mientras Chile demuestra que la rigurosidad salva vidas; Ecuador debe prepararse

El terremoto de Venezuela significó la caída de edificios. ¿Estamos seguros de que lo de Caracas y La Guaira no pasaría en Quito, Guayaquil o cualquier otra ciudad ecuatoriana?
El doble terremoto que asoló Venezuela evidenció, otra vez, lo que ocurre cuando las normas de construcción son laxas en su texto y en su aplicación. Eso ya se había vivido en el terremoto de México en 1985: varias constructoras usaban materiales inferiores, con el fin de abaratar costos, lo que fue el directo causante de las casi 10.000 muertes, no comparables con las casi 200 del terremoto que, también de 8 grados Richter, azotó la zona central de Chile ese mismo año. En 2010, dos terremotos azotaron a Chile, otra vez, y a Haití. Pese a que el haitiano fue de magnitud 7, causó más de 300.000 decesos, mientras que el de Chile, que llegó a los 8.8, ocasionó 525 muertes, muchas de ellas causadas por un posterior maremoto. La diferencia se debe a varios factores, como profundidad del sismo, duración y la clase de movimiento, pero es evidente que lo definitivo es la rigurosidad de las normas de construcción. Los chilenos saben que viven en un país de alto riesgo sísmico, al extremo que el más potente que se ha medido en el mundo (9.5) ocurrió en Valdivia en 1960, con una duración de más de diez minutos: toda una eternidad para quienes vivieron ese cataclismo, en el que la gente no se podía mantener en pie, y al que, luego, se sumó un terrible maremoto.
Internacional
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Agencia EFE
Corrupción y normas de construcción
Por ello sus grandes edificios son de hormigón armado y con diseños adecuados, además de la severa aplicación de la mecánica de suelos, entre varias otras. Por eso a nosotros nos llama la atención cómo muchos chilenos, ante un sismo, permanecen impávidos. Al desplome de edificios en Venezuela, varios de la chavista ‘Gran Misión Vivienda’, matando a varios de sus residentes, se suma la gran cantidad de construcciones que tendrán que ser demolidas. Pérdidas de vidas humanas y de la vida de la gente que quedará literalmente en la calle, es el resultado de la corrupción y de las relajadas normas de construcción. De eso debemos aprender, si es que no lo hicimos con el terremoto de Manabí de 2016: cómo colapsaban edificaciones, algunas construidas con arena de playa. ¿Estamos seguros que lo de Caracas y La Guaira no pasaría en Quito, Guayaquil o cualquier otra ciudad ecuatoriana? Porque eso de que después de las desgracias se empiecen a buscar culpables o a recibir explicaciones, no tiene gracia alguna. ¿Sabe si su casa o el edificio donde está su departamento u oficina, propio o alquilado, soportaría, al menos, un sismo de magnitud 7,5?