El ‘statu quo’ de la idiotez
La serie Cunk on Earth, que es de la BBC y se transmite en Netflix, usa el humor para cuestionar la relación actual con el conocimiento y la cultura.

El formato mezcla entrevistas reales con humor absurdo para evidenciar tensiones entre información y entretenimiento.
Vimos Cunk on Earth en feriado, mi hija y yo. Philomena Cunk es una reportera británica que entrevista a autoridades académicas con la solvencia intelectual de un BBC anchor y la cultura general de quien no ha leído ni la Wikipedia. Pregunta si las pirámides se construyeron empezando por arriba o por abajo. Si Single Ladies de Beyoncé es culturalmente más significativo que el Renacimiento. Sus preguntas alternan entre el espanto literal de un niño y la jerga falsamente erudita de quien ha visto muchos documentales sin entender ninguno. El entrevistado, atrapado entre cortesía y desconcierto, intenta explicar. La risa es involuntaria. La perplejidad también.
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Entre la parodia y la crítica cultural
Lo que parodia Cunk, en realidad, no es la ignorancia. Es el espectador contemporáneo, ese que se acerca a los grandes temas con la cámara prendida y el oído apagado. Nos reímos porque reconocemos algo propio, y la risa, a veces, también es una confesión.
Pero no todo es absurdo. Algunas preguntas tienen rigor disfrazado de ingenuidad. Otras lanzan ciencia comparada, citan autores reales, abren paralelismos legítimos entre civilizaciones. Por eso el espectador se queda perplejo. Porque a veces Cunk podría tener sentido.
Hay una trampa, además, en el dispositivo. Cunk on Earth solo funciona si el espectador sabe lo que ella ignora. La parodia necesita un suelo común de conocimiento para existir, y cuando ese suelo se erosiona, el chiste deja de ser chiste. Pasa a ser fuente. Y la ignorancia, normalidad cultural.
El detalle es que Cunk viene de la BBC. La misma institución que produjo a Kenneth Clark, a David Attenborough, al documental serio que por décadas ayudó a construir una idea pública de civilización. Es la BBC quien se ríe ahora de su propio oficio. Y lo hace con un humor que celebra precisamente lo que antes le dio sentido.
Tal vez por eso la serie inquieta tanto. No se burla de la cultura. Se pregunta qué ocurre cuando una sociedad todavía conserva las formas del conocimiento, pero empieza a perder el impulso de buscarlo. Ya no sabemos en qué fuente confiar. Pero Cunk no es la causa, es el espejo. ¿Es Cunk un síntoma o una vacuna? La conversación sigue en @bb_latente.