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Diario Expreso Ecuador

El problema del correísmo en 2026

El correísmo se presentarán a las seccionales con movimiento ajeno y quizá solo en parte del país, desafíos que podrían confundir a su electorado en las urnas

Rafael Correa, líder del correísmo, ganó el poder a pulso y difícilmente designará un sucesor al cual entregarle el timón en vida.

Rafael Correa, líder del correísmo, ganó el poder a pulso y difícilmente designará un sucesor al cual entregarle el timón en vida.Archivo Expreso

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La Revolución Ciudadana es para la izquierda del país lo que el Gobierno para la derecha: la única opción electoralmente viable. Una decisión sencilla: ellos o nosotros. La abdicación de los derechos de la militancia para no sabotear a la tendencia. Un movimiento que puede perder elecciones, pero que tiene un piso. Y a la cabeza de él un líder que, bien o mal, ganó el poder a pulso y que, de la misma forma que quienes se han quedado atrás (Lasso, Nebot, Lucio…) difícilmente designará un sucesor al cual entregarle el timón en vida.

El voto duro que conserva no le ha sido suficiente para ganar

Estructuralmente, la diferencia principal entre los dos es que el correísmo ha demostrado, como un movimiento más viejo, una sólida capacidad para la supervivencia. Ni la traición morenista ni las tres derrotas que le siguieron han logrado generar un cisma que haya mermado demasiado su fuerza. Su voto duro sigue ahí. Pero muchas veces en la política un segundo puesto es nada. Lo peor para ellos es que un quinto puesto, esos diez o veinte escaños de los dizque independientes que sirven de bisagra en la Asamblea o los treinta mil votos de un candidato flojo en un municipio que luego se ofrece como dirigente al ganador, termina valiendo más.

El correísmo se convierte así, entre un piso y un techo, en la única vía y en ninguna. Nadie puede ganar por la izquierda sin ellos, pero ellos nunca ganan. Esto no es, por supuesto, una maldición imposible de romper (esas cosas no existen ni siquiera en el fútbol o la religión). Pero es un diagnóstico, empírico en muchos casos, aunque hay el politólogo que lo eleva a la teoría. Y la situación del paciente, un lento pero sostenido deterioro, parece ceñirse bien a ese diagnóstico.

Más allá de sus taras como proyecto caudillista, la historia de los correístas nos señala otra situación difícil con la que tendrán que lidiar. Al igual que en el 2019, este año se presentarán a las seccionales con movimiento ajeno y quizá solo en parte del país. Para rematar, en esta ocasión a lo mejor no puedan contar con un único albergue electoral, sino muchos, lo que puede confundir a los electores. Persecución o no, si no definen sus cuadros rápidamente a nivel local, muchos votantes los podrían terminar perdiendo de vista.

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