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Diario Expreso Ecuador
Bernardo Tobar

Bernardo Tobar Carrión

Perlas nacionales

Invadir el carril izquierdo no es ignorancia, pues está entre las reglas más básicas de conducción que ese carril solo es para rebasar; es desprecio al prójimo

Conducir por el carril izquierdo es una de las expresiones que representan los rasgos más salientes del estado mental colectivo del tercermundismo ecuatorial.

Conducir por el carril izquierdo es una de las expresiones que representan los rasgos más salientes del estado mental colectivo del tercermundismo ecuatorial.Archivo Expreso

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Si tuviera que elegir dos o tres símbolos de la idiosincrasia vernácula, expresiones que representan los rasgos más salientes del estado mental colectivo del tercermundismo ecuatorial, me quedaría con la impuntualidad, el chapa acostado y la ocupación de la vía izquierda. La pasión por el chisme abunda allende las fronteras, así que la descarto por poco original.

Sobre la impuntualidad recuerdo que hasta hubo la hora judicial, que por ley otorgaba casi una hora de margen respecto de la convocada. Este desfase entre la hora cultural y la hora del reloj está tan asumido que las invitaciones se fijan con significativa diferencia al momento en que se espera a los invitados. Falsear el tiempo es un convencionalismo. Pasando a los muros, como también se conocen a esas protuberancias que brotan lo mismo en caminos vecinales como en carreteras interprovinciales, con una profusión espontánea comparable a la de los hongos silvestres, impiden una circulación fluida, aumentan los riesgos de seguridad vial, favorecen a los asaltantes y a los mecánicos de frenos y suspensiones y son, más que cualquier otra cosa, un monumento omnipresente al no se puede, una confesión en piedra y asfalto de la incapacidad colectiva para respetar las normas, cuyo cumplimiento hay que forzarlo físicamente. Debería sustituir al cóndor en el escudo patrio.

El peor rasgo de la idiosincrasia ecuatoriana

La tara más ominosa, con distancia, es la invasión del carril izquierdo, que no es fruto de la ignorancia, pues que la izquierda es solo para rebasar está, junto con detenerse en semáforo rojo, entre las reglas más básicas de conducción; es consecuencia de ese desprecio por el prójimo que parece apoderarse de todo meapilas al volante. Es un desprecio deliberado y arrogante de quien se siente dueño de la vía, del que se emponzoña y suelta sapos verbales y culebras gestuales si le hacen luces para que deje la vía libre, del que le trae sin cuidado el derecho del otro, del que se siente vivísimo y poderoso por transgredir la norma y joder de paso a los de atrás. Es, en suma, el compendio y concreción acabada de esos antivalores que afloran en quien se cuela sin respetar turno, en quien no cede el paso, en quien pasa de agache la caneca para burlar el racionamiento de combustible, en quien impone al vecindario su reguetón vulgar a fuer de volumen criminal, en quien no vota para que le dejen progresar, sino para que se lo impidan a todos.

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