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Roberto Aguilar: Una corte sin miedo al ridículo

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Los jueces del más alto tribunal de justicia del país están a punto de zambullirse en el ridículo: piensan consultar a la Procuraduría

Ya solo falta que al nuevo presidente de la Corte Nacional de Justicia, cuya elección se encuentra trabada en una selva oscura de tinterilladas, lo termine nombrando la Corte Constitucional. No sería un desenlace inverosímil, ¿verdad? Nada lo es en esta república de audaces. Ya que nadie se ha puesto de acuerdo en los procedimientos para elegir al sucesor de Iván Saquicela, lo más seguro es que el candidato que resulte derrotado, que podría ser Saquicela mismo, termine armado de una batería de argumentos legales lo bastante contundente como para disputar la constitucionalidad de la elección en el tribunal correspondiente. Al fin y al cabo, a la Corte Constitucional nomás falta pedirle que gobierne, si no se le ha pedido ya. La Corte Constitucional resolviendo el lío de la Corte Nacional sería la apoteosis del picapleitismo criollo. Mientras tanto, los jueces del máximo tribunal de la justicia ecuatoriana (que suena importante pero no es decir mucho, basta con oírles hablar) se encuentran a punto de zambullirse de cabeza en un ridículo sin retorno: preparan una consulta a la Procuraduría sobre cómo deben elegir a su presidente, porque no lo saben. ¿Confiaría alguien la resolución de un problema de linderos a semejante cuerda de inútiles?

Que la elección del nuevo presidente podía celebrarse a partir del 26 de enero. Que no, que el período concluye el 6 de febrero y Saquicela adelantó ilegalmente la fecha. Que mientras tanto cuatro jueces habrán terminado sus funciones y la Corte, que ya está reducida de 21 a 15 miembros, se quedará sin cuórum ni para instalarse en sesión. Que no hay problema, nomás hay que prorrogarlos hasta que sean reemplazados. Que no se puede prorrogar a nadie, la ley no dice eso. Que sí dice. Que no dice. Que hay que sustituirlos por conjueces elegidos en el Consejo de la Judicatura. Que eso es ilegal. Que el más antiguo de los jueces debe sustituir a Saquicela. Que no, que el mejor puntuado. Que el más antiguo, o sea Fulano. No, el más antiguo es Mengano. No, Perencejo. Todos se equivocan: Saquicela debe prorrogarse. Que no, la ley no dice eso. Que sí dice. Que no dice. Que el artículo 121. Que el 133. Que el 154. Que el 173. Que el Reglamento. Que la Constitución...

Vamos a ver: ¿no son estos señores y señoras los más altos magistrados de la nación? ¿No se los supone imbuidos del espíritu de la equidad y la justicia, capaces de discernir lo que es correcto y conveniente para la convivencia pacífica de los ciudadanos, mucho más para su propia institución? ¿No están provistos de las herramientas del diálogo y el entendimiento para llegar a un acuerdo razonable para todos? ¿No manejan como nadie la ciencia de los procedimientos judiciales? ¿No dominan los precedentes y están al tanto de lo que ha funcionado bien o mal en circunstancias parecidas? ¿No pueden ponerse de acuerdo en un procedimiento limpio? ¿¡No son jueces, por Júpiter!? Da grima ver a una candidata especulando con su elección por el argumento de ser la mejor calificada pero dejando, cuando se le pregunta si es la más antigua, la cuestión en manos del departamento de Talento Humano. ¡Talento Humano va a a decidir quién es presidente de la Corte Nacional! Da grima ver a una candidata especulando con su elección por el argumento de ser la mejor calificada pero dejando, cuando se le pregunta si es la más antigua, la cuestión en manos del departamento de Talento Humano. ¡Talento Humano va a a decidir quién es presidente de la Corte Nacional! Esto será culpa, en gran medida, de los refundadores del país, que nos legaron un revoltijo de leyes nuevas y mal hechas y todo lo que se quiera. Pero estos jueces no se comportan como tales. Así las cosas, la ilegitimidad de quien resulte ganador parece asegurada.