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Diario Expreso Ecuador

 

Los “años viejos”

Lo extraño es que compramos al muñeco que representa, por lo general, figuras de los cómics o de los programas que pasan por la TV.

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Hace pocas horas, a la medianoche que separó los días martes 31 de diciembre y miércoles 1 de enero, en el instante en que terminó el 2019 y comenzó el 2020, siguiendo una vieja tradición muy ecuatoriana procedimos a quemar los peleles que llamamos “años viejos” mientras, entre los ruidosos estallidos de los productos explosivos que tales muñecos cargan en sus entrañas, nos deseamos los unos a los otros que el año que se inicie sea mejor que el ya devengado y que, por ende, todo sea felicidad y progreso.

Como las costumbres siempre cambian, siguiendo el verso del famoso poema amoroso de Pablo Neruda: “Nosotros los de entonces ya no somos los mismos”, en la actualidad los muñecos que van a la hoguera como si fueran víctimas de la vieja inquisición, los adquirimos, ya sea a lo largo de la calle Seis de Marzo, donde se exhiben además inmensos monigotes, fruto de la gran artesanía popular, o en los terrenos del Albán Borja, sin que ningún esfuerzo familiar, como antaño, haya producido tales símbolos del año que se nos va.

Recuerdo que durante los tiempos de mi infancia al “año viejo” lo construíamos entre todos (padres, hermanos, primos, tíos, cuñados, etc.), vistiendo a nuestra creación con la ropa vieja a la que dábamos de baja (camisas, pantalones, calzoncillos, medias) y pidiéndole aserrín o virutas al carpintero del barrio -que ahora ya no existe porque los muebles no los mandamos a hacer sino que los compramos ya hechos-, para darle la necesaria contextura al personaje al que finalmente le poníamos una careta de viejo canoso que comprábamos en las tiendas y así concluíamos nuestra obra. En el presente no nos tomamos ya ese trabajo y lo extraño es que compramos al muñeco que representa, por lo general, figuras de los cómics o de los programas que pasan por la TV, como los del Chavo del Ocho, por ejemplo. Es decir que hemos ganado en comodidad y hemos perdido mucho en simbología.

Estamos, pues, a la espera del “momento del cambio”, como si esperáramos una revolución transformadora o un cambio de gobierno, como lo pidieron durante el “octubre negro” varios políticos correístas ahora en manos de la justicia. Y aprovechamos entonces para desearles a nuestros fieles lectores un feliz y próspero Año Nuevo”.

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