César Febres-Cordero Loyola | Despedida a Bonil
Solo nos quedarán los troles y sus retratos horrendos y párrafos sintéticos hechos con inteligencia artificial
Xavier Bonilla no es la primera víctima del odio del poder político hacia la prensa libre. Los más viejos recordarán episodios como el de Juan sin Cielo y lo que le dieron de comer. Los no tan viejos todavía hablan de Pancho Jaime y señalan a distintos personajes del febresborjismo como autores intelectuales del crimen que le quitó la vida. A Correa le encantaba recordar en sus sabatinas cómo Camilo Ponce Enríquez cerraba radios y periódicos, y por eso bien que le podríamos dedicar, en su propio estilo, el premio a la caretucada de la década.
Pero los más grandes caretucos, caraduras y portadores de otras mil caretas hemos sido los ecuatorianos en conjunto, que reclamamos a viva voz por toda la retahíla de abusos del poder, pero solo desde cierta distancia, o en privado, o por último aclarando que no queremos hacer de oposición. Porque si Noboa ha hecho algo malo, al menos pasivamente como el tolerante beneficiario de las compras de por lo menos tres medios de comunicación (Sr. Neira Hanze, favor atender), Correa fue peor. Y si Correa hacía algo malo, es que tenía a toda la prensa y al empresariado en contra (menos a D., a J., a I.…), y toda esa gente quería a la partidocracia de vuelta, que fue peor.
Viendo para atrás las excusas era las mismas. Cuidado llegan los comunistas, cuidado llegan los turcos, los oligarcas costeños, Assad, José María, Sultano o Mengano. Todo valía. Cerrar un medio. Exiliar a un político. Manipular una elección.
Al menos había la pluma que señalaba esas trafasías y el lápiz que las dibujaba. Ahora cada vez los hay menos. Solo nos quedarán los troles y sus retratos horrendos y párrafos sintéticos hechos con inteligencia artificial.
Despidámonos de Bonil, que se nos va, pero quedémonos quietitos en el camino al panteón, porque detrás de él seguramente irán algunos más. Traigan sillas y manteles. Manden a comprar comida y bebida. No olviden pedir aguacates, con el periódico y todo. Ahora esos viejos papeles valdrán oro para alguna gente.