Toc, toc. ¿Están?
¿Acaso tenemos que aguantar los meses que quedan con ministros que nos avergüenzan y sin capacidad de gestión?
¿No tienen esa sensación de que han quedado abandonados como ciudadanos?
Aunque ha sido algo constante en años anteriores, se ha agudizado con la inminente salida del gobierno actual. Hay un silencio oficial frente a temas urgentes que pareciera decir: “Hagan lo que quieran, jód.. y vean ustedes cómo solucionan sus problemas”.
Ir a Galápagos en un crucero de lujo mientras la isla está desabastecida, no está bien. Haya venido quien haya venido, estén celebrando lo que les dé la gana, no está bien. El turismo amenazado y los habitantes de Galápagos tirados al olvido.
Denuncias explícitas sobre la falta de controles en la exportación de banano y ningún ministro cuestionado, ninguna declaración del presidente. Escasez de arroz, una opaca importación y los pequeños agricultores abandonados a su suerte. El Gobierno parece tener cero interés en mirar la realidad nacional. Ya está de salida, aunque falta medio año para que suelte las riendas. ¿Acaso tenemos que aguantar los meses que quedan con ministros que nos avergüenzan y sin capacidad de gestión?
Asesinatos a diario, 20 en una semana solo en Durán. Ninguna respuesta contundente. Policías sin espacios dignos dónde dormir, sin vehículos adecuados, sin depuración efectiva. Dicen que la paz es lo más importante, pero no han podido concretar la compra de cascos, armas, ni chalecos. Y de los 24 millones de municiones solo han traído cinco. Mientras tanto, las muertes violentas ya son más de 3.300 en este año. ¿Nos creen estúpidos?
Ministros que dicen que dejaran el país con la economía encendida, ¿acaso es una burla? ¿Dónde viven? Ni siquiera están dando los créditos que tanto ofrecieron.
No se dan cuenta de que no hay empleo, de que las decisiones erráticas de este Gobierno tienen el mercado contraído. Ponen impuestos para quitarlos y encima debemos estar agradecidos.
Pero lo que más duele es ese desinterés, esa desidia que yo personalmente no he vivido ni en Chile ni en Perú. Lo que debía ser una oportunidad para generar cambios positivos y duraderos en un país terminó siendo un despliegue de soberbia. Y lo que podrían ser meses para garantizar una transición ordenada y transparente, se están convirtiendo en la peor huella de un proyecto político que fracasó.