Trumpismo, neocolonialismo y colonizabilidad: cómo la neuropolítica socava a las sociedades modernas
Los habitantes deben prevenir el convertirse en objetos, seres humanos sin capacidad de transformar a los recursos hacia una civilización

Varias manos trabajan unidas para restaurar un mapa fragmentado, simbolizando la reconstrucción del tejido social y la resistencia ética frente a las fuerzas que buscan convertir el territorio en un objeto de explotación.
El trumpismo – a gritos parecido al mussolinismo – es la pretensión de revertir 100 años de historia; idénticos pasos previo a la hecatombe hitleriana. En aquel entonces, a tales fuerzas funestas les perseguía el Manifiesto Comunista, hoy les persigue la liberación humana abanderada por la liberación femenina y la concienciación ecológica.
Colonizabilidad no es colonización: es la condición interna que precede, la generación de condiciones internas que lo hacen posible. Sumisión interna. Es el barómetro o índice de riesgo país, que indica qué tan rentable es una región para ser ‘desarrollada’ por una potencia colonizadora o neocolonizadora.
Lo primero es el riesgo de resistencia al extractivismo destructivo, la resistencia a la cultura destructiva, la resistencia al abuso de los derechos humanos, la resistencia a la negación del Estado propio y la resistencia creativa diversa: pluriversal. Pues, el país en mejores condiciones de colonizabilidad es aquel de descomposición del tejido social, de parálisis moral e intelectual y de pérdida de todo sentido de iniciativa histórica. “No hay colonización sin colonizabilidad” (Bennabi).
Cada habitante es responsable por sus propias cadenas y de su programa de liberación, su resistencia. Los habitantes deben prevenir el convertirse en objetos, seres humanos sin capacidad de transformar a los recursos hacia una civilización.
Sin capacidad de distinguir entre derechos humanos y aquellos ‘Derechos Humanos’ de carnada que permiten etnocidios y genocidios. Deben cuidarse de no sucumbir a la neuropolítica neocolonizadora que es tanto más devastadora por ser invisible. No genera muertos, ni físicamente heridos, pero socava la capacidad de las sociedades de pensar por ellas mismas.
Conformismo y vacío social
En esto, el conformista comete dos formas de traición: la que destruye el espíritu (valores, ética, cohesión social), y la que destruye los medios (instituciones, recursos, capacidades productivas). Ambos llevan al mismo resultado: el vacío social. Tomemos conciencia ya que ‘en eso estamos’.
Federico P. Koelle D.