¿Y de dónde salió tanta violencia?
Se dejaron atrás los programas dirigidos al público infantil
De repente las noticias de crónica roja pasaron de pocos minutos a programas enteros que destilan horror, impotencia e indignación; la generación de contenidos o comentarios de los presentadores parecería que adornan la insensibilidad como nueva normalidad. Se dejaron atrás los programas dirigidos al público infantil; el recato y cuidado de los presentadores en sus comentarios (en especial en horarios familiares); los cortos formativos (el bosque es nuestro amigo, las drogas matan); los programas que premiaban el conocimiento o incitaban la investigación; los titulares y publicidad sutiles (reemplazándose con imágenes agresivas y repugnantes a toda hora); programas científicos y de genios literarios ecuatorianos (para mostrar conflictos personales, intimidades de terceros, parricidios, homicidios y tácticas delincuenciales); series que retomaban la importancia de los valores, el buen trato y desarrollo humano; programas que promuevan valores y eviten la violencia (presentadores de baja inteligencia emocional la incitan); los programas que promuevan la armonía, integridad y bondad (se prioriza el doble sentido y la vulgaridad). La ciudadanía consternada se pregunta: ¿de dónde salió tanta violencia? O ¡aquí esto no se veía antes! Lo que cambió es el sitial en que ahora se ubica en nuestra programación, acompañada de titulares cada vez más amarillistas, con sonidos alusivos de fondo y en ocasiones, con una descripción de los presentadores que raya en lo psicopatológico.
Johanna Reyes Lasso