Revivamos a Don Burro
En esta elección, medite muy bien su manera de sufragar
Hasta hace dos o tres semanas muy posiblemente hubiese anulado mi voto. Analizando más fríamente las cosas prefiero hacerlo por quien tenga mejores opciones de llegar en segundo puesto o por el peor, a quien llamaré, como en una campaña mediática, Don Burro. Por qué no el nulo y sí Don Burro, porque el nulo, a mi criterio, es un sufragio totalmente intencionado, con conocimiento y voluntad de causa, a diferencia del blanco y será invisibilizado (esa opción, más que válida, no pasa a ser ni una mera estadística). Tratando de ser un poco más explícito, como ejemplo pondré una elección donde hay un candidato que saca 32 opciones por él; porcentualmente hablando, el candidato obtuvo 32 % de los sufragios. Sin embargo, si 20 personas votan nulo, la base electoral para hacer los cálculos de los porcentajes baja de 100 a 80 y esos mismos 32 votos que sacó el candidato pasan mágicamente de 32 % a 40% de sufragios válidos, como si el voto nulo no tuviera peso electoral o que quienes en algún momento pensamos en anular nuestra elección no tenemos derecho a demostrar nuestro descontento con todos; y más todavía, que según el reglamento electoral, con un voto más del 40 % y una diferencia de más del 10 % con el candidato inmediato, esto se definiría en una sola vuelta. En el ejemplo relatado, que podría ser nuestro escenario actual eleccionario, un candidato con menos del tercio de aceptación nacional se podría llevar la presidencia de la República el mismo 20 de agosto. Las consecuencias posteriores serán el resultado de nuestras decisiones. En esta elección, medite muy bien su manera de sufragar y, en caso de ser esa su posición, preferiblemente revivamos a Don Burro.
Francesco Aycart C